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Ayer vi “Tetsuo: The Bullet Man”

Y sí, es el cierre de la trilogía de “Tetsuo” que comenzó con la legendaria “The Iron Man“, dirigida por Shinya Tsukamoto. Y sí, no es muy buena, la verdad.

Cuenta la historia de Anthony (un americano en Japón), un esposo y padre de familia cuyo hijo es atropellado. El protagonista es presionado por su esposa para matar al conductor homicida, mientras su padre (quien lo inyecta periódicamente) le pide calma. Anthony comienza entonces a transformarse en metal. Va a casa de su padre y descubre un subterráneo con explicaciones sobre su origen, el trabajo de su padre y la muerte de su madre: resulta que es hijo de una androide, que originalmente era parte de un proyecto binacional de armas ciborg. Su esposa llega al lugar y poco después llega un equipo de fuerzas especiales disparando hacia todo y amenazando de muerte a la mujer. Anthony se trasforma entonces en Tetsuo (el nombre clave del proyecto) y le dispara a todos los atacantes con cañones que surgen de su cuerpo, mientras corre por el techo y las paredes.

Después aparece el chofer asesino (el “fetichista del metal” de las dos anteriores), quien pretende dos cosas: morir a manos del protagonista y destruir la ciudad en el proceso (supongo que es Tokio, para mantener la tradición). Y hasta ahí le cuento el argumento.

Hay algo muy malo en este filme, aparte de la falta de sexualidad, sutilezas e intertextos: todo está explicado y reiterado y vuelto a explicar. Es un filme recalcitrantemente obvio por ésto. No dura mucho, eso sí: apenas una hora y diez de metraje. Pero es tan reiterativo que cualquier momento es adecuado para ir a la cocina a llenar los vasos vacíos o buscar fósforos: si se pierde de algo se lo van a explicar después el filme. La estupenda “Tetsuo: The Iron Man” (la primera de la serie) no explicaba nada: era todo caos y exceso y creo que ésa era su gran fortaleza. Pero este filme nació con muletas: parece destinado a adolescentes, con moraleja familiar incluida.

Otro asunto que no me gustó, relacionado con el primero, es que la historia es prácticamente la misma: el hombre es un tipo gris y reprimido, aparece el provocador (el “fetichista”) y lo desafía, el protagonista se descontrola y se llena de algo así como tumores robóticos, se enfrenta el bueno contra el malo y el bueno opta, ¡¡¡SPOILER!!!, por no destruir al malo sino absorberlo. No es muy difícil interpretar una historia así, es cosa de reemplazar el metal por la testosterona y ya. Pero lo que sí cuesta es ver el desperdicio de las enormes posibilidades que abrió la primera historia: un mundo angustioso y surrealista de sexualidad y violencia como si éste fuera el único futuro posible, una reflexión sobre el destino que nos estamos construyendo. Pero en lugar de eso tenemos una historia adolescente que parece más un animé ciberpunk-promedio con actores reales y presupuesto ajustado, con las limitaciones que eso implica. Un artista construye en base a sus obsesiones, es cierto, pero también es de esperar un cierto crecimiento. Y creo que aquí pasó lo opuesto.

No es que sea un pésimo filme, es que no es muy bueno. Y lo mejor es no relacionarlo con el resto de la trilogía “Tetsuo“, si no quiere llorar desconsoladamente ¿Algo bueno? La música es de NIN.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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