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Ayer vi “The Dead”

Y me aburrí. No lo voy a engañar, querido lector: no es una completa pérdida de tiempo (África es un continente bellísimo), pero le vendría bien un recorte de, digamos, media hora de metraje o más. Dura demasiado.

Éste es el primer filme de los hermanos Ford (que antes hacían publicidad) y cuenta la historia del ingeniero de la fuerza aérea estadounidense Brian Murphy, quien es uno de los pocos sobrevivientes de la caída de un avión militar de evacuación. En el avión van civiles y militares y escapan todos de la invasión zombie, que como ya sabemos es total e irremediable. Murphy cae en la costa africana (curiosamente, el filme fue realizado en Burkina Faso, que no tiene costa) y recorre el país a pie escapando de los comedores de hombres. En un pueblo encuentra al sargento Daniel Dembele, quien ha desertado de su ejercito y busca a su hijo perdido. Ambos, blanco el americano y negro el africano, viajan juntos entonces y se ayudan mutuamente. Como de seguro usted ya sabe, cuando hablamos de zombies en el cine no hablamos de un ente homogéneo, sino de básicamente tres cosas: una etapa previa (“prehistoria zombie”, si prefiere), una época clásica que se convierte en canon y una era moderna con evoluciones más o menos afortunadas. El canon corresponde a la pentalogía del enorme y muy amable George Romero: “La noche de los muertos vivos“, “El amanecer de los muertos vivientes“, “El día de muertos“, “La tierra de los muertos“, “El diario de los muertos” y “Sobrevivencia de los muertos”. Los zombies de Romero caminan con dificultad, presentan poca o nula inteligencia pero pueden aprender, frecuentemente muestran gran daño físico, solo mueren cuando su cerebro es destruido y narrativamente funcionan como alegorías de sátira política. Como le contaba, Romero es el canon: todos los filmes de zombies que vinieron después se miden con él. Los zombies de “The Dead” son ajustados al canon: lentos, torpes, dañados físicamente y metafóricamente espantosos (más de eso luego). También es conservador el modo en que representan una amenaza mortal: atacando lentamente en grupo o mordiendo al pobre infeliz que se les ponga al alcance. Por lo mismo resulta un poco exasperante ver a uno de los personajes disparar al cuerpo de los zombies sin éxito, naturalmente. Dan ganas de decir ¿Es que no viste los filmes? Si ha visto uno, incluso si ha visto la sinopsis de uno de estos filmes es casi seguro que sabrá como eliminar eficazmente a un muerto-vivo. Es imposible a estas alturas pretender no estar al tanto del tremendo fenómeno cultural inaugurado por Romero. Incluso los zombies de Danny Boyle en “28 días después” giran en torno al canon al ser actualizaciones del mismo (Un ejemplo más claro es la crítica ingeniosa al canon en “Regreso de los muertos vivos“). Narrativamente el filme es increíblemente aburrido. Se mueve en base a episodios: el protagonista blanco llega a un lugar, los zombies casi lo matan, el protagonista mata a algunos zombies y escapa. Una y otra vez. Estos encuentros son poco importantes ya que casi ninguno afecta el desarrollo del relato, exceptuando el principio, el encuentro con el compañero africano, el final de éste y el final del filme. Podríamos borrar todos los episodios intermedios y la historia no sufriría. Personalmente borraría todos los planos de pies caminando en cámara lenta: entiendo que traten de reforzar la moraleja final de la vida como un interminable valle de lágrimas que hay que recorrer, pero es mucho para mi. Una vez que se ha visto a un par de botas caminar en cámara lenta se han visto todas ¿No? El aspecto metafórico sí tiene novedades. Si antes los muertos eran la conciencia culpable de las guerras imperialistas (Vietnam en la primera de la serie), el capitalismo como un viaje sin norte (en el “Amanecer…“) o la locura de vivir en guerra con el mundo entero (en “Tierra de muertos“), el filme de los hermanos Ford parece decir algo incluso más incómodo: creo que es sobre racismo y xenofobia. En el relato tenemos a un blanco que cae en un país negro y mata negros a puñados, en el filme prácticamente todos los zombies son negros, sin descanso y sin remordimiento. Aparentemente ésto se ve compensado por la amistad del protagonista con el sargento Dembele (un negro puro, como diría mi esposa: fuerte, largo y estilizado, casi como una estatua soviética en honor al guerrero africano), pero el sargento sólo se comunica con el blanco extranjero en el idioma del extranjero: una bonita forma de ahorrarle al visitante la molestia de mezclarse demasiado con el país de horrores en el que éste se encuentra. Tiene sentido pensar que si a uno lo pilla el holocausto zombie en África todos los zombies serán negros, pero es espantoso igualmente.

¿Y por qué me espanta tanto? Le pido que haga el siguiente ejercicio, querido lector: reemplace a los africanos por judíos o mujeres o pobres o niños ¿No le suena malvado un filme donde un hombre solo deba matar a hordas y hordas de mujeres? ¿Un filme donde un hombre rico deba matar a hordas y hordas de pobres sin descanso? ¿Donde deba matar a miles de judíos, seis millones de ellos? El asunto podría ser diferente, pero “The Dead” termina enfatizando el peso insoportable de la tarea y la esperanza de triunfar finalmente.
El buen Romero siempre fue muy claro en sus filmes: hay que parar la guerra, parar el saqueo y el conflicto y aprender a convivir. Pero los hermanos Ford parecen decir lo contrario, y eso es terrible.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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