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Ayer vi El Techo

Este es un filme cubano que tuvo su Avant Premiere hoy, once de julio del dos mil diecisiete, en el habanero Cine Chaplin, probablemente la mejor sala de la ciudad. Es escrito y dirigido por Patricia Ramos y tiene un elenco joven. Si bien el jueves comienza su recorrido por las salas cubanas, el filme fue exhibido ya como parte de la competencia del Festival Internacional de Cine de La Habana. La premisa del filme es simple: es un drama que se desarrolla en las azoteas del barrio centro habanero de Cayo Hueso.

Cuenta la historia de tres amigos, Yasmani, Vito y Anita, quienes están a la deriva en lo que parece un mundo congelado: un padre inmóvil, rutinas invariables entre vecinos y un ambiente más propio de la Italia de post guerra que de estos tiempos. Hablan como se habla en este lugar, se comportan como uno se comporta en estos lugares, miran pasar el tiempo y sin embargo bullen de deseos que incluso ellos desconocen: Vito sueña con retomar el hilo de un pasado fabuloso que su abuela inventó, pero en el que él cree, Anita dice que no le importa, pero realmente sueña con un lugar donde ella sea más que un objeto de uso, Yasmani sueña con poder crecer. Juntos montan lo que aquí se conoce como un negocio de cuentapropismo, una micro empresa de elaboración de pizzas en la misma azotea, pero ni eso los salva del miedo al futuro y su capacidad de borrarlo todo.

Cómo le contaba, este filme es un drama, y como supondrá el lector se inscribe dentro de la honorable tradición del drama social cubano, heredero del Neorrealismo italiano y que tomó la forma del Nuevo Cine Latinoamericano. En otras palabras, es un filme sobre gente común, que vino al mundo sin la suerte que algunos tienen, que viven en un mundo cruel y que a pesar de los golpes sigue soñando y amando. Y hace esto, este retrato, con eficiencia y efectividad. Estas dos cualidades uno como espectador las da por sentado, pero si fuese un chismoso le nombraría un par de títulos recientes que carecen por completo de éstas. Un filme como este, bien contado y que funciona, se agradece, sobre todo considerando que es una ópera prima.

Sin embargo, no es un filme perfecto: hay por ahí un par de planos subjetivos innecesarios, hay un problema con la fotografía que se debe más a la falta de recursos que a las buenas artes del equipo (digamos que el soporte se quedó corto ante los desafíos que planteó la puesta en escena) y hay una historia secundaria que pudo desarrollarse mejor. Me refiero al padre del protagonista y su decisión de no volver a levantarse de la cama: por momentos parece ser un complemento cómico y por momentos parece anunciar un dolor profundo y desgarrador, sin desarrollar claramente ninguno de los dos caminos. No son problemas graves, en la medida que no boicotean la narración, pero están allí. Se podría criticar también cierto aspecto maniqueo en el diseño de personajes, el trío protagónico se rige bajo el principio de que todo joven es puro de corazón, desperdiciándose así la oportunidad de abordar una de las evoluciones de la realidad cubana más interesantes: el del desarrollo moral enfrentado a la crisis económica y al desgaste político, tensionado entre el provecho utilitario y el altruismo más completo. De hecho, no hay ninguna alusión en el filme a lo más llamativo de Cuba para el visitante: su sistema político. Es como si los personajes vivieran en un limbo de necesidad e incertidumbre.

Dentro de las fortalezas del filme, además de estar bien narrado, se puede mencionar su función como retrato social: no se trata tan sólo de la vida difícil que llevan los personajes, sino también del tipo de mundo en el que viven. Se puede ver acá la Cuba de la pobreza, pero también la de las reformas económicas, la de la vida comunitaria pero también la del individualismo materialista y las pequeñas traiciones, la de la convivencia forzada con el turista que vive en un mundo tan diferente que bien podría ser un extraterrestre, la del sexo contra el aburrimiento y la de la soledad y la necesidad de amor. Es quizá el aspecto más desarrollado del filme su misión de retratar, subordinándose a éste todo lo demás.

Retrato social, personajes de buen corazón, una narración eficiente, la búsqueda del destino en un mundo triste; todo esto, más el buen trabajo de su equipo y elenco, hacen de este filme un buen filme. Pero ¿Sabe algo? A pesar de todo, no se siente como algo especialmente novedoso ni fresco: quitándole los celulares y cambiando canciones de la banda sonora, este filme podría haber sido hecho perfectamente hace sesenta años en Italia, o cincuenta en el resto del mundo. Es posible que lo más audaz del argumento, lo más nihilista y subversivo de este, sea algo que se pasa por alto cuando se sigue la suerte de los héroes: el negocio de pizza fracasa (además de por la multa que les cae encima) porque todos los vecinos piden fiado, consumen hoy con la promesa de pagar mañana, y nunca pagan. Cuando los amigos celebran la fiesta de cierre, todos los deudores aparecen, comen la comida que se les ofrece, beben el ron que se les da, y se van. No hay solidaridad, no hay empatía ni conciencia de clase, para usar un término de la vieja izquierda: no hay comunidad como red de protección, sino sólo de convivencia. La realizadora no entrega un final dulce y amable, sino uno duro y cruel: el amor se encuentra, el destino aparece gracias a la suerte, pero todo esto se desarrolla en un ambiente de lobos.

Roberto Suare Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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