Ayer vi “Stitch”

Este es un filme de terror del año 2014, protagonizado por el mismísimo Edward Furlong y dirigido por AJAI. Sí, lo leyó bien, es un nombre.
Cuatro amigos, dos parejas, llegan a una casa ubicada inexplicablemente en medio del desierto, casa que han arrendado por pocos días, para llevar a cabo allí un rito chamánico de sanación. Esto porque el protagonista y su esposa han perdido a su hija en un accidente de auto: el rito pretende reconciliarlos con la muerte como un hecho vital. Pero sale mal y comienzan a ser acosados por una especie de demonio que traerá el fin del mundo a la tierra, y que de alguna manera se localiza tras una gruesa puerta metálica ubicada en el sótano.
Lo primero es lo primero, querido lector: este filme no es muy bueno. Tiene algunos pocos méritos, pero durante gran parte de su metraje parece una total pérdida de tiempo. Y realmente es un drama envuelto en un filme de terror, así que tampoco entra dentro de esa categoría vaga de "es tan malo que es bueno" que quedo tan bien definida en "Ted", la del peluche mariguanero. Es un mal filme con una idea original interesante.
Con frecuencia, cuando un filme está mal dirigido y editado los espectadores dicen " ¡Pero qué malos actores!", cuando realmente los tiempos muertos y la falta de integración en la labor de estos artistas, cuando se los deja a la deriva, es la auténtica responsable. Es una lástima para los involucrados: si recuerda "Animal Factory" estará de acuerdo conmigo con que Furlong es un actor capaz que, como todos, necesita una buena obra. Pero por la naturaleza de la realización cinematográfica, curiosamente muy similar al asalto a un banco, es imposible para los involucrados saber qué tal va a salir todo: es un arte colectivo basado en la confianza ciega y donde el azar juega un rol no menor.
El filme tiene un estilo visual muy llamativo donde predominan la nitidez, el contraste, el retoque artificial de imágenes (montaje de fondos e iluminaciones) y un tono morado que representa el dominio del demonio, lo que en principio está muy bien como herramienta expresiva pero que en la práctica conspira contra su verosimilitud y contribuye a dar la impresión de algo barato y no muy bien terminado. Para hacerse una idea imagínese, querido lector, una de aquellas imágenes creadas en Photoshop donde hay una mujer guerrera (como las "bad girls" de cómic), una luna llena, un paisaje con castillos y tigres blancos y dragones. Un noventa por ciento del metraje se ve así. Para ser justos, hay que ser valiente para hacer algo como esto.
La intriga está mal manejada y resulta en su casi, casi, totalidad predecible. De hecho hay momentos mal resueltos que mueven a risa, de esa risa nerviosa que es a partes iguales aburrimiento y fastidio. El ritmo es terrible. Quizá en manos de un mejor editor el filme subiría a la categoría de "raro pero efectivo". Pero, bueno, es el tema con los hechos consumados: especular sobre cómo podrían haberse hecho mejor las cosas es inútil.
Es malo "Stitch", pero no está en el noveno círculo de las pérdidas totales, donde se encuentra " Los surfistas nazis deben morir", entre otros muchos títulos. Si tomamos el argumento y lo redactamos en media página como mucho, tendremos una historia de lo más interesante: redención, culpa, psicodrama y fantasía, con un final claro y potente. Pero aquí pasa lo mismo que con las fotografías hechas con celular: si se amplían lo suficiente todas se ven terribles. Y por la misma razón: la falta de detalles.

Roberto Suarez Perez

Ayer vi “Ex-Machina”

Este filme es dirigido por Alex Garland, el guionista de “28 días después”, y estrenado recién el año pasado. Cuenta con un elenco reducido, entre los que está Oscar Isaac, a quien comparan ahora con el mismísimo Pacino. Hipérboles aparte, a este filme le fue lo suficientemente bien como para que se esté preparando una trilogía como extensión de la misma historia. Como contraste, leí sobre este filme en “The Verge”, un medio digital que no tiene que ver mucho con cine y donde se dijo que las dos últimas “Rápido y Furioso” eran tan exageradas que eran muy buenas como entretención. Y eso, permítame decirle, no es cierto.
Así que tenemos una de cal y otra de arena ¿Será bueno este filme?
Cuenta la historia de XXX, un programador joven en una empresa muy similar a Google, quien ha ganado un premio. Este premio consiste en pasar una semana con el creador de esta compañía en su cabaña remota. Este creador es un genio informático y en su aislamiento ha llevado a cabo un proyecto de Inteligencia Artificial. En completo secreto, el protagonista ha sido traído para realizar un test de Turing, pero no del modo tradicional: debe entrevistar a una mujer androide, pequeña, bonita y llena de metal y luces brillantes, para determinar si ella tiene conciencia de sí misma.
Estimado lector, el test de Turing fue diseñado por un hombre de apellido, atención, Turing, quien hizo también muchas cosas interesantes, avanzadas y vanguardistas y siendo un héroe de guerra sufrió unas injusticias espantosas, y hay por suerte filmes para contar esa infame historia. Lo relevante aquí es que definió un tipo de entrevista para definir si el entrevistado es una máquina o un ser dotado de consciencia, y estas entrevistas se están llevando a cabo desde hace unos veinte años o más. No sé usted, pero a mi la sola idea de este test me da la sensación de estar viviendo en un futuro vertiginoso.
El filme es, como era de esperar, técnicamente impecable y visualmente muy elegante, con composiciones de cuadro estilizadas y minuciosas. Son pocos personajes y el peso de la acción recae principalmente en los diálogos, sin embargo cuesta pensar en esta historia traducida a las tablas: hay algo fundamental en su ambientación y en lo íntimo de sus performances que se perdería lejos del cine. A pesar de su contención formal, su falta de balas y explosiones, "Ex Machina" es una experiencia fundamentalmente cinematográfica.
La historia que cuenta es de esas historias que se quedan un rato largo dando vueltas: quien era el bueno y quien era el malo, es realmente una historia de amor o de un invento vanguardista o de una liberación, que tipo de futuro viene después de los créditos. Por supuesto, no puedo adelantarle más del argumento de lo que ya he hecho, pero es bien llamativo que en un argumento que podríamos llamar minimalista (pocos actores, pocos escenarios y sin abusar de los giros argumentales) se logre tal resonancia temática.
De hecho, un filme como éste podría ser un buen punto de partida para varias conversaciones de lo más interesantes.

Roberto Suarez Perez

Hoy vi “El Club”

Este es un filme chileno que participa en el concurso de largometrajes de ficción del 37 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Es dirigido por Pablo Larraín y protagonizado brillantemente por Alfredo Castro. “Protagonizado” es un decir realmente, pero eso se lo explico después.
Hay cuatro sacerdotes que viven juntos en una casa en la playa, al cuidado de una monja, para vivir en “reflexión y penitencia”. Llega un nuevo sacerdote, pero llega a regañadientes: le dice a los religiosos que lo traen que él no debería estar allí, que no es un delincuente y que sólo cometió un pequeño error. Pero su “pequeño error” lo ha seguido hasta aquí: un vagabundo está afuera de la casa, gritando que lo busca, que cuando era niño el curita le “hacia el amor” y describiendo esas violaciones con lujo de chocantes detalles. De ahí en adelante, de la reacción del curita aludido, de la reacción de los demás sacerdotes y de la iglesia en general se trata la película.
“Protagonizado” es un decir porque este filme cuenta con un reparto de excelentes actores encarnando personajes potentes. Mejor dicho: criminales potentes y diabólicos. Todo filme es realmente una mentira, donde vemos a personas haciendo como que son otra gente, viviendo otra vida: en “El Club” la simulación es total, hasta el punto de sorprenderse su servidor en el espanto que los monstruos en pantalla le causaban.
Técnicamente es impecable, como deberían ser todos los filmes, excepto por algo: durante ciertas escenas donde los personajes son entrevistados, sentados en un sofá, los primeros planos parecen borrosos. Quizá este defecto no esté en la cinta original, aunque no veo cómo podría ser posible, pero se nota: parece más que el error de un foquista el efecto de un lente con su iris demasiado cerrado hasta provocar difracción. La explicación específica sobre este fenómeno se la dejo a usted, querido lector, pero baste decir que el cine es un arte muy complejo, lleno de pequeños detalles como éste, detalles que no se pueden pasar por alto.
Como ya lo sabe el lector: este filme trata sobre sacerdotes que han hecho cosas muy malas. Y lo interesante de esto es cómo a través de las películas se retrata la época en que fueron hechas, como son una excelente herramienta para capturar el zeitgeist: el cine negro y la delincuencia galopante, el western y la necesidad de un mito fundacional en Estados Unidos, los filmes sobre dictaduras (“Garaje Olimpo, La Historia Oficial,” o más metafóricamente “La Ciudad y Los Perros”) y la tragedia latinoamericana. Desde hace varios años ya tenemos el destape de los escándalos pedófilos católicos, antes incluso los abusos sexuales evangélicos, y luego la corrupción vaticana, y el cinismo fundamental de querer regular la moral ajena siendo básicamente inmorales: la religión occidental parece estar siendo demolida por sus sacerdotes. En este filme se aluden a varios casos específicos de crímenes católicos chilenos, país de origen de este título, casos que un lector de noticias promedio podría denominar por los apellidos de los delincuentes: Karadima, Johanon, O’Reilly, Hasbún. Como en la realidad, los antecedentes de los personajes son durísimos. Y como en la realidad, ninguno se arrepiente.
Pero quizá el mérito mayor de este filme no esté en su utilidad como herramienta de denuncia, sino en la forma en que se desarrolla su narración: lo más ominoso del filme no es tanto lo que se sabe del pasado de los personajes, sino lo que se adivina en el futuro de ellos. Se puede sentir que algo muy malo va a pasar, y hasta cierto punto pasa, sin escrúpulos ni remordimiento. Y peor aún, se puede adivinar que lo peor, lejos lo peor, es que a estos sacerdotes no les va a pasar nada. Este es un mundo muy injusto, con una inercia muy grande, donde ciertas castas de privilegiados están por sobre la ley que lo rige a usted y a mi, querido lector: no importa qué tan dañinos sean, los amigos del hombre imaginario del cielo son intocables.
Y tiene una de las frases de seducción más extraordinarias que he escuchado alguna vez, la que el mendigo le dice a la trabajadora de la pescadería. Ojo con eso, es pura genialidad.

Postdata: ganó el Coral al mejor largometraje de este festival, y eso que los filmes latinoamericanos cada vez están mejor hechos y son más interesantes.

Roberto Suarez Perez