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Ayer vi “Contagio”

Y este filme está muy bueno, la verdad. Es otro filme sobre el (casi) fin del mundo, pero tratado con rigurosidad: cual sería la razón, cómo se desarrollaría, cómo sería la reacción de la población.

La historia comienza con una tos en off, para seguir luego con varios personajes cuyas gripes empeoran y mueren fulminantemente. Los organismos encargados de este tipo de situaciones comienzan a investigar y pasa lo que pasaría en realidad: no saben que hacer. El protagónico recae en Mitch Emhoff (interpretado por Matt Damon), cuya esposa vuelve de un viaje de negocios en Honk Kong y muere fulminantemente. Es el protagonista, pero este es un filme coral lleno de personajes fuertes.

La foto sobre estas líneas ¿No le recuerda algo?
El filme avanza paso a paso e implacablemente. La investigación, la confusión, el dolor de los familiares de las víctimas, el oportunismo, la burocracia y el miedo. Esto es tan así que a mi juicio demuestra un hecho fundamental que los filmes frecuentemente ocultan y la realidad porfiada reafirma constantemente: poco espacio hay en el mundo para la humanidad de las personas. El personaje de Matt Damon pierde a su mujer tan rápido que no puede entenderlo y luego no tiene tiempo de llorar, la doctora Erin Mears viaja a controlar la situación en el punto cero estadounidense y cae enferma a su vez, con tanto pánico como devoción por ayudar a otros. Y así con los demás: cada personaje es atrapado por las circunstancias y hace lo que puede, inútilmente a veces. El miedo y el amor y la vida interior de cada uno existen, pero pueden ser borrados por la suerte de un plumazo, y muchas veces lo son.

Aquí no funciona la lógica reconfortante de tantos filmes donde el mundo se detiene cuando el protagonista descubre que está enamorado y la suerte se confabula para reunirlo con su musa. Hay gente que dice que ahí radica la fuente del interés que la ficción despierta en las personas: en la mentira fundamental del mundo descrito, donde todo tiene sentido y todo está bien. Aquí no: pasa como pasa realmente, que nos pueden atropellar o nos podemos enfermar y perder nuestros empleos y la muerte está a la vuelta de la esquina, y todo sin una moraleja fundamental. Es por esto que existen las religiones y la narrativa, creo yo: como protección.

Un animal se acerca a otro, un humano lo toca y le da la mano a otro y en pocos días hay ochenta millones de muertos. Cosas así han pasado antes y podrían pasar. Nuestra línea de defensa finalmente es, tal como muestra el filme, el esfuerzo de un puñado de personas reunido por la suerte que lucha desde la perplejidad y su desamparo fundamental.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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