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Ayer vi “Tokio Fist”

¿Que pasó al final?
Masoquismo
Macho sometido, macho liberador
mujer como el otro
sexo

Lo primero que verá cuando vea este filme es un brazo masculino golpeando el aire, y el aire sacudido por el golpe. Luego un gimnasio repleto de boxeadores practicando, mientras la cámara tiembla y se sacude. Desde el principio está claro que éste es un filme frenético y poco tradicional. Más que mal, es una obra intermedia de Shynia Tsukamoto ubicada entre el primer y segundo Tetsuo. Material de leyenda, podríamos decir entonces, para el fan del ciberpunk.
Cuenta la historia de Tsuda, quien trabaja vendiendo seguros y vive con su novia. Ambas actividades las practica con supremo aburrimiento, mientras escapa del espanto que le causa lo que se esconde detrás y debajo de su vida tranquila: la destrucción. Un día se encuentra con un antiguo compañero de colegio, Tajuki, y la novia de Tsuda lo invita a su casa. Tajuki llega, es un boxeador muscular y magnético, trata de besar a la novia y se va. Tsuda, loco de celos, trata de golpear al conocido y pierde. Desde entonces él y su novia descienden desde la seguridad de lo civilizado hacia la pura carne y el masoquismo.
Masoquismo. Tiene un poco de todo en cuanto a éste, excepto lluvia dorada. Lo interesante es que en el filme funciona como funciona en la vida: como una estrategia extrema de reposesión de si mismo, usando el cuerpo como “cabeza de playa”. Los personajes se hieren y destruyen para calmar para ser lo que ellos quieren ser: los administradores de sus miserias, no los esclavos de las mismas.
El malo golpea y ejercita sus músculos furiosamente, que podrían parecer paupérrimos pero que calzan muy bien en un peso mosca. El bueno se ejercita y trata de volverse digno de su mujer, volviéndose más masculino: una de las principales características que definen al macho tradicional es que incluso tranquilo es potencialmente violento, capaz de someter a cualquier rival. Un “macho-varón-masculino” que se adueña de los espacios donde camina, no un pelele. La mujer se hiere de formas cada vez más grotescas (me recordó el personaje de Mandy Clarke en “Return of the Living Dead 3”) hasta independizarse de su subordinación a los hombres, perdiendo todo rasgo de humanidad. Todos viajando a través de la violencia, todos buscándose.
Si miramos las similitudes temáticas entre “Tokio Fist” y los demás filmes de Tsukamoto, un patrón aparece: es una obra profundamente adolescente. El mundo es amplio, desconocido y amenazante, la mujer es un misterio extraterrestre y fuente de dolor, el sufrimiento y las angustias son inevitables, la transformación personal es inevitable. Cuando vi el primer “Tetsuo” me impactó tanto su aspecto formal que no puse mucha atención ni a la narración ni a estos temas. Aquí le podría pasar lo mismo, querido lector: si hay un adjetivo para definir este filme, ese sería “furioso”.
Una obra adolescente, machista y furiosa, llena de ruido y angustia, donde la destrucción corporal es la única vía de salida.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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