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Ayer vi “Animal Kingdom”

Y está bien bueno este filme. Trata sobre el crecimiento y la traición generalizada, en el marco de una familia de delincuentes que tiene la policía encima, todo basado en hechos reales. De buenas a primeras la tentación es compararlo con otros filmes que involucran delincuentes juveniles, como la muy estupenda “Bully” o “Alpha Dog“, pero la diferencia aquí es sobre el tipo de historia. Mientras aquellos filmes relatan la perdición de sus protagonistas como consecuencia de su corrupción moral, este filme cuenta la historia de un niño que se vuelve hombre en un medio corrupto. Los anteriores son sobre perdición, éste es sobre crecimiento.

El protagonista es el adolescente J, a quien vemos por primera vez hipnotizado por la televisión, al igual que miles de otros niños como él. A su lado en el sofá esta una mujer de edad indeterminada que parece dormir a pierna suelta. Se abre la puerta y entran dos paramédicos: J se para de un salto y les dice “Es sobredosis de heroína”. Mientras los recién llegados descubren que ya no hay ayuda posible para la mujer, el muchacho sigue mirando la televisión. La muerta es su madre.

Luego de esto, el adolescente se va a vivir con su abuela porque los funcionarios no se lo llevaron a un hogar de menores. No sabe que hacer. El problema es que la abuela vive con sus hijos, los tíos del muchacho, y todos son delincuentes de peso. Y eso no es todo: la brigada antirrobos de la policía funciona como un escuadrón de la muerte, y están tras ellos.

Y así hacia adelante. La clave del modo en que se relacionan los personajes lo da el título ¿Cual es la ley que rige al reino animal? Ninguna. Mejor dicho, una sola: la ley de la selva, donde el bicho más grande se come al más pequeño y no hay compasión. En este filme el que se mueve muy lento en el ataque se vuelve víctima: los policías son criminales corruptos (y se temen entre ellos), los hermanos se traicionan, roban y matan y el protagonista es presionado para mentir, robar, amenazar y traicionar. No hay refugio ni siquiera en el refugio en sí.

Por otro lado la sensación que me deja el relato es triste, sobre el desamparo de los individuos: los delincuentes roban, mienten y matan, pero no son nada frente al poder de los policías asesinos. Y a diferencia de otros filmes que tratan sobre la corrupción de las instituciones, aquí no se trata de un par de “manzanas podridas” que tarde o temprano serán castigadas por un sistema intrínsecamente justo: aquí el sistema es el perverso. La única iniciativa apegada a derecho, la investigación que lleva a cabo el sargento Nathan Leckie (el personaje de Guy Pearce), es inútil y finalmente se revela motivada principalmente por el instinto cazador del policías, algo no muy distinto a las motivaciones de todos los demás.

Finalmente quisiera decirle, querido lector, que creo que todos los filmes, como expresiones artísticas que son, son metafóricos: la excelente “Animal Kingdom” parece decirnos que no hay más que traición y corrupción en el mundo, incluso en los afectos. Que no lo veamos es que aún no sale a la superficie, pero está ahí.


Roberto Suárez Pérez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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