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Ayer vi “Regression”

Este es el último filme de Alejandro Amenábar en su periplo “americano” y tiene en sus roles principales a Ethan Hawke y Emma Watson. En términos formales lo podríamos llamar un “thriller satánico” y comparte varias claves con el cine de terror. Sin embargo, realmente es otra cosa.
El héroe es un policía que investiga un caso de abuso sexual incestuoso: la hija acusa al padre y el padre no lo recuerda, pero cree que sí pasó. Tratando de encontrar la información faltante el policía se asesora por un psicólogo de renombre, quien le realiza al inculpado una regresión hipnótica. Y lo que encuentra allí, junto a la complicidad de un policía, es un pozo sin fin de los horrores: el abuso es parte de un ritual satánico, el cual se ha repetido en el tiempo y del cual participa mucha gente. Es una secta en las sombras, capaz de eliminar a quien desee y cometer los actos más atroces.

Por supuesto, querido lector, sólo le estoy contando la primera parte del filme, tratando de no revelarle demasiado.

En términos formales el filme es impecable: buenas interpretaciones, sonido e imagen sin fallas y un montaje bien hecho. En otras palabras, “Regression” es un producto profesional. Visualmente recuerda los filmes de terror al hacer uso de imágenes subexpuestas, que dan como resultado un mundo donde las sombras abundan; también está el uso de escaleras (con su simbología psicoanalítica) y de imágenes reflejadas, que dan a entender un problema en el mundo interno de los personajes. El filme usa también un par de sustos repentinos, del tipo “me asomo por la puerta y el monstruo aparece de golpe”, aunque se justifican plenamente en el argumento y no dejan la sensación de ser un mero atajo. En estos días hay largometrajes completos basados en este recurso.

La interpretación de Emma Watson como la víctima en peligro desconcierta un poco: da la sensación de superficialidad, de no estar por completo presente. A la luz de las revelaciones finales se entiende esto plenamente, pero un espectador distraído podría confundir esta sutileza con falta de habilidad.

La historia no se soluciona de golpe, eso sí. No tiene un gran final operístico, sino que va develándose paso a paso. Esta forma de contar, aquí muy adecuada para el propósito de la narración, mina un poco el dramatismo de lo contado. De cierta forma, después de los muchos conjuros, muñecos y posesiones diabólicas que abundaron en el último cine de terror, este es un filme anticlimático: Amenábar no ofrece en conjunto un tren vertiginoso de emociones (por momentos sí), sino que prefiere una resolución escalonada y realista por sobre un gran final, cuenta aquí una historia cerebral y sobre todo política.

¿Un filme de terror político? Sí, y no es la primera vez para este director. Si recuerda el lector “Ágora”, protagonizada por la bellísima Rachel Weisz como la filósofa Hipatia, vera que allí el mensaje era claro: la religión, en especial el cristianismo, es excusa para el fanatismo y el fanatismo es semilla del horror.

Aquí el punto de vista se repite, mostrando ahora como la mala ciencia, el miedo y la ignorancia mezclados con la religión dan lugar literalmente a monstruos. No le quiero contar el final, querido lector, y tendría que hacerlo para ser más claro en esto, pero le doy un dato: fíjese quien es la mejor persona, mejor intencionada y menos viciosa, en la familia de la víctima. El mensaje es claro y está dicho frontalmente, sin sutilezas.

Si se le pudiera criticar algo a este filme sería el cómo aquí el Amenábar político predomina por sobre el Amenábar narrador, el de las historias brillantes de antaño, privilegiando la moraleja por sobre los giros y las sorpresas. Incluso le digo más: si conoce la historia reciente del fenómeno satánico adivinará el final.

Este afán didáctico podría molestarle a quien sólo quiera entretenimiento o sobretodo a quien se sienta ofendido en sus creencias. Pero ¿Sabe qué? A mi no me molesta: frente a un flujo interminable de títulos involuntariamente conservadores, un filme como éste es un soplo de aire fresco. El sentido común es oro en estos días.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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