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Ayer vi “Esteban”

Este es un filme cubano recién estrenado en las salas de la isla, dirigido por Jonal Cosculluela y con música del legendario Chucho Valdés. Como es habitual en Cuba, “Esteban” ha sido recibido con gran interés por el público, que prefiere la producción nacional y contemporánea. Este filme se inscribe dentro de la gran tradición del cine cubano, heredero de los italianos: la reflexión sin compromisos sobre la realidad.Cuenta la historia del niño Esteban, quien debe trabajar porque es pobre mientras sueña con ser pianista. Sus padres están separados y su madre es “merolico”: vendedora informal de todo tipo de artículos (tallarines, cremas de belleza, shampú, etc). El niño descubre en el vecindario a un viejo solo y hosco, encerrado en su casa, sentado frente a un bello piano de cola y tocando música maravillosa. El niño queda prendado, pero debe vencer primero la negativa del viejo siquiera a escucharlo, luego el cómo cubrir el costo de las clases y la negativa de su madre, que considera que primero hay que comer y no entiende mucho de arte ni de musarañas.
Como puede adivinar el lector por la sinopsis, la historia que cuenta el filme es simple, más no simplona: cada uno de sus elementos (la presión de la pobreza, el secreto dolor del pianista viejo, la belleza del arte, la fragilidad infantil) han sido vistos de alguna forma en cientos de películas, pero aquí están contados con efectividad y de forma clara, más allá del ocasional recurso fallido de la cámara movida (hecho de forma torpe e innecesaria), asunto que se supera rápido cuando avanza el metraje.
El desarrollo de la historia se puede adivinar sin mucha dificultad, del mismo modo que se puede adivinar el final de una canción: en ninguno de los dos casos esto disminuye la obra, ya que no se basa en la sorpresa, sino en la expresión cabal ¿Qué quiere decir esto? Que en este filme se retrata cada personaje más allá de la caricatura: todos tienen pasado, todos tienen sistema valórico, y todos tratan de hacer lo mejor posible con lo que les tocó. En este sentido es un filme amable, sin crueldad, más allá por supuesto de la que contiene la realidad social en la que viven y que los limita. Así la madre no es una mala persona, a pesar de ser durante parte de la historia el principal obstáculo para el sueño del protagonista: es sólo una mujer reducida a la sobrevivencia, que prefiere no pensar mucho en nada más para no desesperarse. El profesor, intratable al principio, resulta ser sólo alguien de gran corazón que no se puede perdonar. Ningún conflicto entre los personajes es llevado hasta la rotura del vínculo entre ellos, nadie odia ni desea el mal a otro. En este sentido el “malo” de la película no es nadie de carne y hueso, sino una abstracción que puede ser llamada de muchas formas: la pobreza, la desigualdad, la falta de contacto entre todos, etc.
Técnicamente el filme es impecable, como debería ser siempre. Sólo el ojo muy detallista podría descubrir un discreto truco similar al HDR para “levantar” algunas tomas subexpuestas, pero esto pasa inadvertido para todo el mundo.
La música es fantástica. Si le gusta el jazz, el piano o tan sólo las buenas canciones aquí puede deleitarse. Hay algo incluso, en la escena del concierto de la hija del profesor, que resulta muy difícil capturar en cine: el vértigo del músico al lanzarse por una melodía, similar a un trance.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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