Publicado el

Ayer vi “Sin Filtro”

Este es el último filme del realizador chileno Nicolás Lopez, de larga trayectoria en comedias, fue estrenado a inicios del 2016 y en el rol protagónico cuenta con Paz Bascuñan, quien es bien conocida en la nación austral gracias a sus roles televisivos. Cuenta la historia de Pia, quien es una publicista de treinta y tantos que tiene una característica fundamental: todos abusan de ella, no sexualmente. Su pareja es un pintor flojo y desconsiderado, el hijo de éste es un punk tonto y grosero, su jefe es un tonto sinvergüenza que pretende reemplazarla por una estrella de internet, y su enamorado es un pusilánime dominado por su respectiva esposa demente y tiránica. Toda esta presión, donde todos ponen sus propios intereses antes de los de ella, le causa a Pia un dolor angustioso y por ello va donde un médico chino, que mediante una sesión de acupuntura le provoca un cambio basal: ahora la heroína no se callará nada y no se dejará pisotear.
“Sin Filtro” es una comedia de aquellas que en inglés llaman de “High Concept”: acerca de un único y extravagante evento que trastorna el mundo del protagonista. Ejemplos hay muchos y usted, querido lector, probablemente recuerde varios: Adam Sandler encuentra un control remoto que actúa sobre la realidad, las historias infantiles que Adam Sandler cuenta milagrosamente se transforman en realidad o Adam Sandler descubre un artilugio mágico que le permite literalmente “ponerse en los zapatos” de otra gente. Es un tipo de historia conocido, pero efectivo y probado. Y ¿sabe qué? No hay nada malo en eso, en la narrativa poco hay que no se haya inventado hace muchísimo tiempo ya. El secreto es la habilidad con que se usa la narración.
Hay un fenómeno muy curioso: cuando usted o yo le pregunta a cualquiera de qué se trata tal o cual filme (con una historia similar a ésta), el interrogado dirá “el muchacho o muchacha siempre hacía tal cosa, hasta que…” Este “siempre” se crea mediante repetición, igual que en la vida real, pero a diferencia de esta basta con mostrar algo un par de veces para establecer el tiempo infinitivo: la protagonista camina y un perro le ladra, si pasa dos veces es “siempre”. Incluso en uno de los filmes que trata más a fondo el tema de la repetición en la vida diaria, “El día de la Marmota”, este recurso funciona igual: a la segunda vez el espectador reconoce el patrón e identifica la repetición. Es curioso y sorprendente, sobretodo al repasar ciertos filmes donde uno asumió sin darse cuenta este recurso. De cierta forma es como conocer el truco de un prestidigitador: lo que pareció magia fue mera distracción.
La repetición juega un papel fundamental en este filme, ya que su historia es la de alguien que “siempre” vivió su vida de cierta forma y ahora la cambia y corrige. Sin embargo, hay un problema en el ritmo de este filme: tanto la descripción de la mala vida de la protagonista como la “corrección” de ésta se sienten angustiosas y claustrofóbicas, como si en esos ambientes de clase alta no hubiese aire y no existiese nada más. Por supuesto, algo así no sería malo si fuese intencional, pero aquí más parece un error de edición.
El elenco está formado por figuras conocidas en la televisión chilena, algunas de trayectoria larga y brillante. Sin embargo las interpretaciones son desiguales: el punto más alto es sin duda la breve aparición de Antonia Zegers como una automovilista de amplio léxico, siendo los puntos bajos numerosos y equitativamente repartidos. Sin embargo, querido lector, no quiero ser injusto: con frecuencia lo que parece una mala actuación es realmente una dirección y edición desacertada.
En términos formales no hay mucho más: visualmente los espacios son restringidos y coloridos, la banda sonora es funcional y en general se consigue la suspensión de la realidad necesaria para sostener la historia. Incluso tiene un gran mérito este filme: sintoniza muy bien con cierto público al narrar la historia de una mujer sometida por su entorno y que anhela liberarse. En lo negativo este filme no muestra errores evidentes, lo cual se entiende al considerar cuantos títulos lleva su director, sino más bien torpezas:
Cuando la protagonista se libera y comienza a relacionarse sin filtrar sus acciones, el filme se muestra poco imaginativo. Podríamos dividir la historia en dos partes, una primera en la cual Pia es agobiada y una segunda donde grita. Sus reacciones no son sorprendentes, sus insultos no son floridos e inusuales y sus deseos son sorprendentemente conservadores. Incluso Lopez pierde la oportunidad de embarcar a su protagonista en un viaje lisérgico (un clásico en las historias de crecimiento) cuando el personaje español pone una estampita de ácido en la boca de ésta, quien escupe y responde no muy brillantemente “¡¿Me queris drogar, hueón!?”
En lo fundamental esta historia no es muy diferente a “Matrix”: el héroe vive una vida insuficiente y mediante un artilugio se libera. Se parecen en su esquema, pero se diferencian en alcance: Neo se vuelve un cristo tecnológico gnóstico y Pia, bueno, grita.
Por otra parte, este filme es profunda y violentamente clasista. La historia está ambientada en la clase alta chilena, donde nadie parece sufrir ningún tipo de necesidad evidente y donde la protagonista puede dejar de trabajar sin preocuparse por el futuro. Cada personaje ajeno a la clase alta es reducido a una caricatura malvada: el estacionador de autos es un estafador, el carterista un mero objeto al que está bien gritar y amenazar, los extranjeros desprovistos de toda humanidad, y un largo etcétera. Todos quienes no son de clase alta están desprovistos de motivaciones y emociones y parecen existir únicamente para mostrar lo raros que son. Son lo que un muchacho de clase alta vería a través de la ventanilla de su auto al cruzar rápidamente la ciudad para ir a esquiar.
Esta brutalidad cobra sentido si se consideran dos cosas: hace algunos años Nicolás Lopez reivindicaba en una revista de papel couché la necesidad de contar historias de la clase alta ya que “también existe sufrimiento en La Dehesa”; y por otra parte Chile es una sociedad estratificada al estilo indio, donde se nace y se muere en una clase y donde el valor de las clases bajas es nulo para los demás. Por citarle un solo ejemplo: hace tiempo causó escándalo una campaña humorística radial que llamaba a “matar un flaite”, que en castellano regular significa pobre, sin educación e insolente. Considerando la historia reciente del país, el asunto causa espanto.
El filme representa un ambiente urbano y un punto de vista, envuelto todo en una fórmula conocida. Quizá su mayor logro no sea la efectividad de sus chistes sino esta representación.
¿Recuerda “La Purga”, aquel thriller con Ethan Hawke donde había una noche de matanza clasista? No es difícil imaginarse a “Sin Filtro” como su caldo de cultivo.

Roberto Suarez Perez

Anuncios

Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s