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Hoy vi “El Club”

Este es un filme chileno que participa en el concurso de largometrajes de ficción del 37 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Es dirigido por Pablo Larraín y protagonizado brillantemente por Alfredo Castro. “Protagonizado” es un decir realmente, pero eso se lo explico después.
Hay cuatro sacerdotes que viven juntos en una casa en la playa, al cuidado de una monja, para vivir en “reflexión y penitencia”. Llega un nuevo sacerdote, pero llega a regañadientes: le dice a los religiosos que lo traen que él no debería estar allí, que no es un delincuente y que sólo cometió un pequeño error. Pero su “pequeño error” lo ha seguido hasta aquí: un vagabundo está afuera de la casa, gritando que lo busca, que cuando era niño el curita le “hacia el amor” y describiendo esas violaciones con lujo de chocantes detalles. De ahí en adelante, de la reacción del curita aludido, de la reacción de los demás sacerdotes y de la iglesia en general se trata la película.
“Protagonizado” es un decir porque este filme cuenta con un reparto de excelentes actores encarnando personajes potentes. Mejor dicho: criminales potentes y diabólicos. Todo filme es realmente una mentira, donde vemos a personas haciendo como que son otra gente, viviendo otra vida: en “El Club” la simulación es total, hasta el punto de sorprenderse su servidor en el espanto que los monstruos en pantalla le causaban.
Técnicamente es impecable, como deberían ser todos los filmes, excepto por algo: durante ciertas escenas donde los personajes son entrevistados, sentados en un sofá, los primeros planos parecen borrosos. Quizá este defecto no esté en la cinta original, aunque no veo cómo podría ser posible, pero se nota: parece más que el error de un foquista el efecto de un lente con su iris demasiado cerrado hasta provocar difracción. La explicación específica sobre este fenómeno se la dejo a usted, querido lector, pero baste decir que el cine es un arte muy complejo, lleno de pequeños detalles como éste, detalles que no se pueden pasar por alto.
Como ya lo sabe el lector: este filme trata sobre sacerdotes que han hecho cosas muy malas. Y lo interesante de esto es cómo a través de las películas se retrata la época en que fueron hechas, como son una excelente herramienta para capturar el zeitgeist: el cine negro y la delincuencia galopante, el western y la necesidad de un mito fundacional en Estados Unidos, los filmes sobre dictaduras (“Garaje Olimpo, La Historia Oficial,” o más metafóricamente “La Ciudad y Los Perros”) y la tragedia latinoamericana. Desde hace varios años ya tenemos el destape de los escándalos pedófilos católicos, antes incluso los abusos sexuales evangélicos, y luego la corrupción vaticana, y el cinismo fundamental de querer regular la moral ajena siendo básicamente inmorales: la religión occidental parece estar siendo demolida por sus sacerdotes. En este filme se aluden a varios casos específicos de crímenes católicos chilenos, país de origen de este título, casos que un lector de noticias promedio podría denominar por los apellidos de los delincuentes: Karadima, Johanon, O’Reilly, Hasbún. Como en la realidad, los antecedentes de los personajes son durísimos. Y como en la realidad, ninguno se arrepiente.
Pero quizá el mérito mayor de este filme no esté en su utilidad como herramienta de denuncia, sino en la forma en que se desarrolla su narración: lo más ominoso del filme no es tanto lo que se sabe del pasado de los personajes, sino lo que se adivina en el futuro de ellos. Se puede sentir que algo muy malo va a pasar, y hasta cierto punto pasa, sin escrúpulos ni remordimiento. Y peor aún, se puede adivinar que lo peor, lejos lo peor, es que a estos sacerdotes no les va a pasar nada. Este es un mundo muy injusto, con una inercia muy grande, donde ciertas castas de privilegiados están por sobre la ley que lo rige a usted y a mi, querido lector: no importa qué tan dañinos sean, los amigos del hombre imaginario del cielo son intocables.
Y tiene una de las frases de seducción más extraordinarias que he escuchado alguna vez, la que el mendigo le dice a la trabajadora de la pescadería. Ojo con eso, es pura genialidad.

Postdata: ganó el Coral al mejor largometraje de este festival, y eso que los filmes latinoamericanos cada vez están mejor hechos y son más interesantes.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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