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Hoy vi “La memoria del agua”

Este es un filme chileno dirigido por Matias Bize y estrenado este año. Es una coproducción entre cuatro países, ni más ni menos: Chile, Argentina, España y Alemania. Participa en el 37 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano como obra en concurso.
Cuenta la historia de Javier, quien junto a su esposa Amanda ha sufrido una tragedia espantosa: la muerte de su pequeño hijo en un accidente de piscina. El dolor que ambos sienten es tal que se separan y viven su duelo de forma intensa, pero aparte. Javier desea volver con Amanda, pero ella no.
Es un drama que comienza con una de las peores tragedias imaginables que continúa con otro tipo de gran tragedia, aunque una (por suerte) más común, menos irreversible y más fácil de dejar atrás: la separación de una pareja. Dentro de este marco pesado el director elige centrarse en los rostros de sus personajes, ya que estos, parece ser el razonamiento aquí, son la mejor evidencia del duro viaje interno que que ellos recorren. Como dicen “los ojos son las ventanas del alma”.
Cuenta con actores de primer orden, tanto de Chile como de España, y técnicamente es impecable, con una paleta de colores donde predominan los grises y azules.
Si hay algo claro en la obra de este director es que tiene un estilo propio: temas y modos de contar bien específicos, desarrollados a través de sus filmes. Su primer filme fue hecho en plano secuencia, su segundo filme consistió visualmente en primeros planos y fuera de foco, su tercer filme estuvo lleno de silencios y éste es su cuarto filme ¿Qué tiene en común con los anteriores? Un poco de todo, la verdad. Este filme se sostiene principalmente en primeros planos de larga duración, donde lo único nítido son los rostros de los actores y con pocos diálogos. Hay continuidad de temas también, las relaciones de pareja, y continuidad de género: el drama. Toda esta continuidad tiene una conclusión bastante evidente: estamos ante la obra de un autor, es cine de autor. Y eso es un gran mérito, absolutamente.
El asunto es qué tipo de autor es Matias Bize, y preguntar algo así es preguntar también qué tipo de público es su público. Porque, déjeme decirle una cosa, querido lector, hay personas a las que este drama les va a encantar y personas que no. Para definir mejor esto déjeme hacer una pequeña lista de dos ítems:
– Quienes van a recibir este filme con buenos ojos probablemente lean toda clase de metáforas profundas en los silencios y reacciones de sus personajes, e interpreten como intensidad la fijación extrema del director en los rostros de sus actores.
– Quienes van a recibir este filme con malos ojos probablemente interpreten esta fijación en los primeros planos como pobreza en el uso de metáforas, siendo el cine infinitamente rico en ellas, y también como una especie de ejercicio cruel, donde se puede mirar por horas a alguien sufrir y donde nada más existe que pueda limitar este voyerismo morboso. Es curioso en este sentido como casi todo tipo de contexto desaparece en la historia narrada, donde no hay barrios ni estaciones climáticas ni historias paralelas ni siquiera planos de ubicación (planos generales con que comienzan las escenas en el cine clásico). Hay una insistencia permanente en un tipo de plano que se volvió muy popular con la aparición de las DSLR como cámaras de video (incluso antes, con los adaptadores de 35mm), el rostro rodeado por bokeh, y que está lentamente convirtiéndose en una señal de mal gusto entre cineastas. Más que mal, una de las grandes revoluciones técnicas que trajo uno de los mejores filmes, el “ciudadano Kane”, fue la nitidez total.
Con frecuencia imagino, querido lector, que ver un filme o leer un libro es ser tomado de la mano por el autor hacia una conversación con él: escuchar una historia, escuchar una forma de narrar, explorar algunos temas. El problema aquí es que esta conversación no es muy rica ni expresiva: es como conversar con un amigo recién divorciado que siempre habla de su ex mujer y llora. Ante la reiteración de ciertos temas el público cubano se rió, y no eran partes para reírse.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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