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Hoy vi “Clever”

Este filme participa en el concurso a la mejor Opera Prima en el 37 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Fue dirigido por Federico Borgia y Guillermo Madeiro, y tiene la particularidad de haber ganado el premio al mejor guión inédito en este mismo festival, en el año 2013. Eso es empezar con buen pie.
Clever es un hombre recién divorciado que trabaja como instructor de artes marciales y divide su tiempo entre videojuegos retro, su hijo durante algunos fines de semana, emular a Bruce Lee, el tunning, la cocaína y tratar de recuperar infructuosamente a su esposa. Cuando su hijo ve a otro automóvil con admiración, uno con llamas pintadas en su carrocería, Clever se lanza en una búsqueda obsesiva del artista para que decore su propio auto, primero en la ciudad y luego en un campo tenebroso, esperpéntico y peligroso.
Como resulta claro a estas alturas, “Clever” es una comedia. Pero no el tipo de comedia que hemos visto ya hasta el hartazgo, esa de chistes absurdos que se suceden sin mucho tino ni pausa, sino que es otra cosa: un desfile de situaciones y personajes reconocibles y cotidianos, pero vistos desde una perspectiva que evidencia el ridículo en ellos. Este modo de abordar historias no es nuevo, ni mucho menos, pero la diferencia aquí, lo que separa este filme de un “dramedy” por ejemplo, es que aquí no hay compasión: el protagonista sería un gran villano si esta historia fuese contada con las mismas peripecias, pero desde otro punto de vista. Nadie es especialmente inteligente en este filme. Quizá la esposa del protagonista, por dejarlo. Nadie es especialmente altruista tampoco, excepto el artista que pinta llamas en los autos, y este parece amable más por represión y necesidad que por puro desprendimiento. Cuando se toma líquido es alcohol y cuando se come helado también es alcohol. Los videojuegos son viejos, los autos tristes y baratos. Las modelos en topless son rellenitas y más amables que sexys. Nadie destaca en algo, excepto el artista, y él destaca sólo en el reconocimiento de su público, quienes parecen ser inmunes al kitsch. Todos parecen atrapados en sus limitaciones y todos son inusuales en lo marcado de las mismas. Es una comedia muy ácida.
No le voy a hablar, querido lector, sobre los aspectos técnicos de este filme. Baste decir que no tiene fallas. De hecho, si hablamos de su casting, es brillante.
Aunque hay algo, sí, que es estrictamente técnico, algo que falla. Verá, el guión es inteligente, cruel y gracioso; el casting es perfecto, la ambientación sin fallas. Lo que va mal es el ritmo, y mirando lo bien que está todo parte el corazón. Varios de los chistes de “Clever” son sobre situaciones incómodas, aquellas que parecen insoportables pero se alargan en el tiempo, y se alargan quizá demasiado. El filme también, en su conjunto: pareciera que podría terminarse antes del tercer acto, en la casa del artista pintor, sin importar el cierre de las situaciones. Ironías estupendas, como aquella de los dos machos de gimnasio-que-no-rinde en la discoteque aspirando coca y buscando admiración, se desinflan ante la duración de las mismas, y el final de toda la historia llega cuando ya uno está exhausto en el asiento de la sala. Falla aquí algo que es fundamental en la comedia, que es saber cuánto debe durar un chiste y cómo terminarlo. Me parte el corazón, de verdad. Hay todo un capítulo de “Seinfeld” dedicado a esto: aquel donde George Constanza abandonaba sus reuniones de trabajo después de soltar algo gracioso diciendo “Gracias, gracias, son un público estupendo.”
Hay algo perturbador también, más perturbador que el hombre musculoso, la pintora de desnudos y el pelo del comedor de helados. “Clever” apunta al medio de algo que todos conocemos bastante bien: la mediocridad. Y lo hace sin perdonar a nadie, lo que está muy bien para su objetivo como obra. Pero hay una pregunta que me quedó dando vueltas ¿Qué tan ridículo seremos en este universo inclemente? ¿Un pobre hombrecito con dolor de espalda e indigestión hablando mal de filmes ajenos en internet? ¿Y el que lo lee y le encuentra la razón, como en el chiste del loco que lanza dinero y el otro loco que se lo devuelve? ¿Nosotros, que no hacemos filmes, seremos tan ridículos como Clever que cree poder entender a Bruce Lee? ¿La redención es imposible?

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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