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Ayer vi “Kumiko, the treasure hunter”

Hay algo en común entre este filme, la última Godzilla y las dos The Raid: son filmes orientales hechos por norteamericanos. Este filme es dirigido por David Zellner, quien tiene un pequeño rol como un policía de buen corazón.
Kumiko es una muchacha que vive sola y trabaja. Ambas acciones las hace de forma ausente, como si viviera realmente en un mundo distinto del que habitamos. Siguiendo un mapa cosido en tela encuentra su primer tesoro: una cinta de video oculta en una caverna, en la playa. La cinta contiene “Fargo”, que según Roger Ebert es el filme perfecto de los hermanos Cohen. Rumiko cree lo que dice el crédito del comienzo, que Fargo está basado en una historia real y planea y lleva a cabo un viaje a Minnesota para encontrar la maleta de dinero que el personaje de Steve Buscemi enterró en la nieve.
Sobre este filme casi todo el mundo ha comentado lo mismo que le diré yo: es una premisa disparatada para un filme como éste. Hay un contraste muy marcado entre esta partida, que podría dar lugar perfectamente a una comedia loca, y la puesta en escena, que marca un ritmo reflexivo y despiadado. Para decírselo de otra forma, querido lector: Kumiko no encaja en nuestro mundo y esta disonancia se muestra sin morbo, pero sin ahorrarse nada. El viaje de Kumiko es realmente el camino de una virgen hacia su sacrificio.
No me gusta contar los finales y no voy a empezar a hacerlo ahora, pero para una historia tan cruel como esta el final es de una dulzura sorprendente. Y hacer algo así, pero sobretodo hacer algo así y que funcione como aquí es una proeza ¿Se imagina “La tumba de las luciérnagas”, por nombrarle alguna tragedia terrible, con un final feliz?
Poco más le puedo decir acerca de este filme, excepto que este es un mundo duro a pesar de estar poblado por buenas personas. Es así en la realidad: es raro encontrar a alguien haciendo cosas motivado por ganas de hacer el mal, lo más común son quienes hacen actos espantosos motivados moralmente. La soñadora Kumiko no tiene lugar en el mundo no por las personas, sino por el tipo de mundo en el que vivimos. Es triste pero es así: a pesar de tanto aparato eléctrico que nos rodea la fragilidad de nuestra situación como especie no es tan lejana al mono del que venimos.
Una última palabra sobre lo primero que le dije, querido lector: esta corriente de filmes orientales hechos por occidentales me recuerda la moda de la fotografía móvil vintage, Instagram y sus miles de clones. Lo que en algún momento fueron idiosincracias, o en el caso de las fotos defectos, hoy son características icónicas. No es necesariamente algo malo esto de la moda, pero cuando algo se vuelve ícono se descontextualiza y pierde su continuidad histórica, su relación con lo demás. Y aquí tenemos un filme hecho “a lo oriental”. Por suerte es un buen filme.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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