Publicado el

Ayer vi “Escobar Paradise Lost”

Siempre es bueno ver un filme ambientado en la bella Colombia, nación de hermanos. Pero verá, con este país pasa lo que ha pasado demasiadas veces con nuestro continente: son más las caricaturas absurdas que los retratos fidedignos. Entonces la pregunta sobre este título estaba planteada, sobretodo considerando el personaje del que trata.
El protagonista es más o menos un gringo (un blanco canadiense) que viene a las tierras de El Dorado junto a su hermano a poner una escuela de surf, un sueño totalmente hippy. Pero no contaban con las particularidades del territorio en que estaban: un matón local los amenaza para cobrarles “peaje” mientras “El Patrón” en persona (Pablo Escobar) inaugura un hospital para el pueblo en el que están. Quien estuvo a cargo del proyecto del hospital es la sobrina de Escobar y como es linda y dulce como todas las colombianas, nuestro gringo se enamora. El problema es que no se está uniendo solo a una mujer, sino a la familia de ésta, que está a punto de declararle la guerra al Estado.
Querido lector, tengo un prejuicio. Tengo varios realmente, todos malos, pero uno relevante aquí: no me gustan los títulos dobles. El realizador podría haber optado por llamar a este filme como el narco más grande de la historia o con el título de Milton, pero en su lugar puso los dos títulos. La impresión que me deja es la misma que causan las respuestas kilométricas de los estudiantes novatos: pongamos todo y voluminosamente, ya que quizá con algo acertemos.
Con el filme en sí pasa algo similar: hay momentos y personajes que funcionan muy bien, pero el conjunto no. Dan ganas de saber un poco más del hermano del protagonista, por ejemplo, y el porqué de sus planes de asentarse en este lado del mundo, pero no sabemos mucho. Dan ganas de saber un poco más de la familia de la novia además del Patrón, pero no lo sabemos. Dan ganas de ver más de la droga en sí, más que mal es la base del imperio del malo de la película, pero no se ve: es como si la producción y tráfico no fuesen más que etiquetas de nacimiento, como el color de la piel en “El Nacimiento de una Nación” o la homosexualidad en “Cruising”, maldad inherente que se puede disimular un rato, pero no esconder por siempre. Se nota en la forma en que está planteado el filme las ganas de ser algo más, a pesar de estar reducido a un melodrama.
Ya que estamos en confianza, querido lector, le quiero contar sobre otro aspecto negativo del filme, pero para hablar de ésto debo adelantarle algo del argumento: nuestro canadiense se escapa de la familia de su novia (acompañado por ella, por supuesto), y logra evadir una persecución de sicarios y de policías, además de vencer a un matón de nivel al estilo mejicano, a tiro limpio y con dos pistolas. Dentro del marco de un gran drama, lo que aspira a ser este filme, estas acciones parecen ser las sucesoras naturales en la cadena de desgracias que sufre el protagonista, pero son acciones esencialmente prejuiciadas ¿Cómo es posible que un surfista medio hippie pueda matar a sicarios experimentados de forma tan efectiva? ¿Cómo es posible que un muchacho pueda romper un cerco policial? Estos talentos extraordinarios me recuerdan un filme notable, pero no por buenos motivos: El Día de la Independencia. Allí un par de norteamericanos aprenden en tiempo récord a conducir una nave extraterrestre e incluso son capaces de infiltrar un virus informático en la nave madre de los invasores. En otras palabras, absurdo mediante, los norteamericanos se vuelven mejor que los demás en el uso de las herramientas que los demás llevan una vida usando, y sin instrucción. De cierta forma es un mito colonialista: la superioridad del hombre blanco sobre el nativo, demostrada en las áreas propias del indígena, que para más inri aquí es la pelea a balazos. Primero el inglés de La Vuelta al Mundo en 80 días, luego el cowboy en la corte del rey Arturo, y ahora el canadiense en tierra latina: en todos los casos su desempeño superior habla de su superioridad a secas. Como decían en aquel filme sobre una mujer internándose en el Afganistán del integrismo religioso: “aquí la cultura general de un occidental es tan superior que lo convierte en médico ante los demás”
Las interpretaciones son correctas, con un Escobar lleno de matices. Técnicamente es correcto y en cuanto a su historia el filme funciona por momentos: impresiona el mafioso paternal, sobrecoge el niño destinado a ser víctima y causa asombro el fervor popular que despertaba El Patrón. Funciona por momentos, pero no completamente en su conjunto. Quizá, si tomamos en cuenta los aciertos de “Escobar Paradise Lost”, este realizador nos regale en el futuro un buen drama, un drama grande, detallado y profundo. Un drama mejor que éste.

Roberto Suarez Perez
robertosuarezperez@me.com
elfilmedehoy.wordpress.com
Licenciado ISA, Habana, Cuba
Licenciado UAHC, Chile

Anuncios

Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s