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Ayer vi “Chappie”

Tras la enorme sorpresa que fue “Distrito 9”, traté de ver más de este director: “Elysium” (parece a medio hacer) y el corto aquel, que es más un punteo de las ideas que desarrollaría después el sudafricano. A través de estos filmes se pudo ver el trabajo de un director que se toma la ciencia-ficción en serio: como forma de reflexión sobre el presente y exposición de ideas filosóficas, científicas o sociales vanguardistas. Por supuesto, ésto es cine, no literatura, por lo tanto esta exposición es mucho más limitada: el rol del cine como espectáculo lo ha hecho mucho más cercano a la “opera espacial” (decorados futuristas sin sentido) que a otra cosa. Un autor interesante, un género interesantísimo y un filme que se publicitó como entretenimiento familiar, como una reedición de “Cortocircuito”: un ET robótico aún más edulcorado.
Cuenta la historia de Chappie, quien es un robot policía en Johannesburgo: hechos en serie por una compañía privada, estos robot son autómatas de reflejos programados, gran resistencia y una eficacia sin paralelo. Sin embargo Chappie siempre está en la primera línea y siempre sufre daños considerables, hasta que se decide mandarlo a reciclaje: allí su creador, un empleado de la compañía, se lo roba para probar en él un nuevo código de inteligencia artificial que, a diferencia de su sistema original, puede aprender y desarrollarse. El problema es que simultáneamente este programador es secuestrado por un grupo de delincuentes en problemas: ahora Chappie, reprogramado, debe crecer en una familia de criminales y esconderse de otro empleado de la compañía que lo busca, enfermo de celos y rigor mal entendido.
Este filme podría ser “entretenimiento familiar”: una historia tierna sobre cómo un niño robot crece y se hace bueno, sin desafíos ni notas altisonantes. Y lo más curioso es que esa historia familiar está en este filme, pero rodeada de elementos de lo más interesantes.
Para empezar, está el ángulo social. Como en otros filmes de este director, la división y enfrentamiento entre las clases dominantes y dominadas se dibuja con claridad. No se trata de la convivencia entre dos tipos de personas de buena voluntad: la clase alta es representada como débil, no muy brillante y sin méritos para estar donde está. Los delincuentes parecen serlo no tanto por maldad (excepto uno) sino por estar al final de la escala. Los crímenes se presentan así como estrategia de reposesión del desposeído, y las simpatías del director van claramente hacia este tipo de luchador: Chappie se vuelve un gánster cándido, la familia delincuente cada vez es más protectora y unida y los robos relativamente menores se muestran como astucia y suerte, más que como transgresiones. Los que no tienen nada luchan, en la selva en que están hundidos, por recuperar lo que los privilegiados le arrebataron. Esta forma de ver la organización de la sociedad ha estado presente en toda la obra de este director, variando tan solo la forma de presentación y el ángulo del problema a tratar. Más claro se ve ésto si pone atención al malo de la película: un ex militar cruel, atlético y ultra católico. Este malo nunca habla sobre temas políticos, racismo, género o derechos sexuales y reproductivos, pero su opinión se puede adivinar claramente. Si el malo opina así sobre el mundo ¿Cómo opinan los buenos según este director?
Otro aspecto interesante está en ciertas ideas que se presentan en el argumento de las que no puedo contarle mucho, para no echar a perder las sorpresas del guión, pero le pido, estimado lector, que busque lo siguiente en internet: la singularidad futurista, o el momento en que la conciencia humana se pueda expandir gracias a la tecnología.
Hay bastante violencia y maltrato, especialmente contra el protagonista. Hay un momento bien gore, lo que vuelve aún más inexplicable la publicidad de este filme como familiar. Hay algunos chistes, pero también hay Mechas. Hay más cosas, armas de colores por ejemplo, pero principalmente hay una regla que rige este filme: el mundo en el que viven es como una pelea de perros, donde se puede ser sólo víctima o victimario.
Tanta ferocidad en una historia sobre un niño robot ¿Será que estamos en tiempos feroces?

Roberto Suarez Perez
robertosuarezperez@me.com

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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