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Ayer vi “El ilusionista”

Este no es el filme de intriga que protagonizaba Edward Norton hace algunos años, aquél donde hacía crecer una planta a toda velocidad en el escenario. De este filme no tenía mayor referencia excepto que es un filme de animación y que está basado en un proyecto inconcluso del gran Jacques Tati.
Cuenta la historia del mago Tatischeff, quien es francés, de mediana edad (igualito físicamente al Tati de “PlayTime”), y que ha llegado al Reino Unido buscando mejores oportunidades. Allí se presenta en muchas partes sin mucho éxito, viviendo la vida del artista como obrero. En Irlanda conoce una muchachita, quien le hace el aseo del cuarto donde aloja: ella es pobre e inocente, y realmente cree en los poderes mágicos del mago. Tanto así que cuando el mago se va a la ciudad para trabajar en un teatro local, ella se va con él. Juntos malviven mientras las oportunidades laborales para él se estrechan cada vez más y mientras ella ignora todo ésto y disfruta pequeños lujos, que cree provienen desde el poder mágico de quien se ha vuelto su padre adoptivo. La falta de dinero y el cuidado de su hija son dos fuerzas contrarias con las que carga el mago.
El filme es obra de la misma realizadora de “Las mellizas de Belleville” y comparte los mismos rasgos: personajes encantadores, escenarios alucinantes a la vez que costumbristas, y casi ningún diálogo. Ojo con ésto: es prácticamente un filme mudo: cuando la historia es buena éstos son detalles, como aquí. También comparte algo que en aquel filme estaba esbozado y que aquí es central: la idea que este mundo en el que vivimos, una década más o menos, no está hecho para que vivan personas en él.
Y ahí está lo impactante en este filme: el mago protagonista Tatischeff se llama como se llamaba realmente Tati, se ve como Tati y enfrenta el mismo callejón sin salida que enfrentó Tati tras realizar “Playtime”. Al ser una obra escrita por el francés tenemos la rara ocasión de conocer lo que podría haber sido su experiencia emocional durante su derrumbe, transformada por esta obra. Podría ser algo morboso, pero el resultado es tremendamente conmovedor. Incluso hay un cameo del mismísimo Tati a través de un filme suyo, que se proyecta en la sala “Cameo” y que es presenciada por el protagonista, vestido igual.
A través del filme se entiende que el título “El Ilusionista” no se refiere tanto a la profesión del héroe sino al modo de manejar su relación con su hija adoptiva, al engaño bienintencionado al que la somete: que la vida está bien, que lo lindo no cuesta sangre, sudor y lágrimas, y que el amor mediante su magia supera toda dificultad. Todo engaño es una mentira y mentir es un pecado, pero ¿No es acaso la existencia una mentira continua que nos contamos a nosotros mismos? ¿Podría condenar usted al mago por mentir así, por querer así?

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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