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Ayer vi “Regreso a Itaca”

Déjeme contarle un asunto sobre este filme: es célebre, pero por razones bastante tristes, ajenas de cierto modo al filme en sí. Por estas razones supe de su existencia y por estas razones, entre otras, tenía muchas ganas de verlo. Y lo vi y está muy bueno.
Cuenta la historia de Amadeo, quien es un escritor y profesor cubano que vive en España y que, aprovechando su viaje a Cuba, se reúne con sus viejos amigos a compartir unos tragos, reírse con historias de juventud y saldar algunas grandes cuentas pendientes.
La historia se desarrolla en la azotea de uno de los amigos, ubicada en el barrio de Centro Habana. Allí hay sol, viento, cactus, el sacrificio de un puerco para una celebración deportiva, vecinos gritándose intimidades y una vista espectacular del malecón habanero. Los amigos conversan, bajan a cenar al departamento y suben para seguir conversando. Cuando tenía el dvd en mis manos pensé “Voy a pasar dos horas en un David Mamet cubano”, pero no fue tan así: a diferencia de las historias más conocidas del norteamericano, aquí no hay grandes alardes de astucia o buceos en el patetismo individual, sino personas a las que la historia “les metió curva” y hoy se descubren sin juventud ni relato colectivo. Personajes perplejos y tristes.
El argumento plantea a cada personaje de forma igual y diferente a la vez: todos están frustrados, pero cada uno de forma específica.
El protagonista se fue a España hace 16 años y escapó así a las dificultades conocidas de la sociedad isleña, pero sufrió la soledad de las sociedades capitalistas y un bloqueo creativo: cuando logra escribir sólo le sale “amargura y rencor”, y no quiere eso. El mejor escritor del grupo dejó las letras para convertirse en un dirigente-empresario de éxito: usa iPhone, ropas caras y se disfraza de pedestre ante los demás, escapando de sí mismo y de la realidad de su país. La amiga “loca, loca y que siempre será una loca” es hoy una doctora que no puede vivir de su sueldo y que llega a fin de mes gracias a los regalos de sus pacientes, pero ese no es su dolor más grande: sus hijos se fueron del país y no los ha visto hace tanto tiempo que perdió la cuenta. El amigo negro del grupo, el más humilde y bienintencionado, se mantiene como creyente en el en el proyecto socialista, pero “sin alegría”: testigo a lo largo de los años de cada pequeña y gran refutación del relato revolucionario, tiene que ver hoy como su fe muere en él y no se traspasa a sus hijos. El amigo rebelde del grupo, el que “cuando escuchaba a los Beatles tenía que asegurarse que todos lo supieran”, siguió siendo pintor, pero dejó su talento de lado: hoy “mete color y color” y fabrica las tonterías que compran los turistas. Ninguno llegó al lugar donde quería llegar, todos llevan un quiebre en sus historias como una herida.
La conversación parte con el recuerdo aventuras, borracheras y Serrat, pero cuando Amadeo, el protagonista, anuncia su voluntad de volver definitivamente al país dicha conversación evoluciona hacia esta herida común: Cómo llegamos aquí, qué nos pasó, qué pasó con aquella épica en la que creíamos. Se tocan varios temas muy importantes para quienes vivieron esta historia: la creencia en la moral revolucionaria, el doble discurso, la persecución al que tenga más preguntas que certezas, la incertidumbre sobre el futuro. Así, palabra a palabra mientras queda la pregunta pendiente ¿Por qué Amadeo quiere volver ahora?
Tenía ganas de ver este filme por dos motivos (el motivo triste se lo cuento en segundo lugar):
Se basa en “La novela de mi vida”, de Leonardo Padura, que cuenta la historia de un escritor radicado en España que vuelve al país para realizar una investigación sobre José María Heredia, el primer poeta cubano, de la primera mitad del siglo XIX. La novela se estructura en tres niveles paralelos:
– Heredia, poeta de gran talento y ferviente patriota, traicionado por sus compañeros y desechado por la historia política de su país, empujado al exilio.
– El protagonista, empujado al exilio por el celo de los que algunos llaman “defensores de la fe”, o integristas del sistema socialista, quien hoy se plantea seriamente volver.
– El mismo Padura, quien es conocido por su éxito literario y su postura crítica al gobierno cubano, pero “desde dentro”.
En esta novela está la escena que da pie a la película: la azotea, los amigos y las culpas. Pero el filme condensa y reacomoda elementos dramáticos para preparar la potencia de su clímax: si la escena clave de la novela está en Heredia enfrentando al gobernante que traicionó el ideal independentista, en el filme está en la respuesta a la pregunta por el regreso del protagonista. Ambas obras tratan de lo mismo: de las personas que son el “daño colateral” de la historia, pero estructurada diferente.
El segundo motivo por el cual quería ver esta película es el motivo triste: iba a participar del Festival Internacional de Cine de La Habana, pero fue bajada a último minuto sin explicaciones. Dicho acto, no exhibir el filme, provocó el lamento y la incredulidad de su director francés (quien ya había realizado filmes en Cuba y se considera “de los de acá”) y una enérgica carta de reclamo de cineastas y artistas de cine de la isla. Por supuesto, no es la primera vez que pasa algo así: está aquel documental sobre la vida nocturna cubana en los 60 que se bajó porque daba una imagen muy frívola sobre los revolucionarios, y está aquella más bien soporífera versión de Alicia en el país de las maravillas que denunciaba los absurdos que el conservadurismo socialista provocaba, pero mediante metáforas y máquinas de humo en campo abierto. Pero lo que dice la carta es que la censura hoy es inexplicable, considerando el llamado a la apertura y la crítica que el mismo presidente cubano formuló hace ya varios años. Censurar hoy, planteaba la carta, es boicotear la misma Revolución que se pretende proteger con la censura.
Y así, una triste mano negra “bajó” este filme. Pero, por supuesto, le dio el atractivo de lo prohibido: mientras su servidor estuvo en Chile buscó este título tanto por los canales oficiales de distribución como por los extraoficiales, sin suerte y sin ser el único. Pero, mire lo que son las cosas, vine a encontrar el “Regreso a Itaca” en La Habana, en estos maravillosos puestos de comercio legal de películas piratas (reguetón, el Detective Conan, antologías de Bruce Willis junto a filmes de Bertolucci), y el filme se vende bien. Incluso sin internet, estos tiempos modernos han vuelto la censura obsoleta y a los “guardianes de la fe” (según la definición de Fernando Rasverg) en impotentes.
La fotografía es espectacular, el sonido admirable (ésto lo podría escribir en mayúsculas) y el ritmo sin mácula. Los intérpretes son fantásticos y al comparar el libro con la película se puede ver cuánto gana una historia al encarnarse con talento. Sobre lo narrado, bueno, ya a estas alturas lo sabe usted: para quien no conozca en detalle la historia cubana relativamente reciente este filme tendrá poco interés y quizá resulte denso; más que mal, es de cierta forma un ajuste de cuentas. Para quien conozca la historia de esta isla tan particular, éste es el filme que se venía esperando desde la época de “Lista de Espera” (nacida timorata) y “Paraíso Bajo Las Estrellas” (nacida escapista, pero con una actriz bella): un modo de mirarse honestamente, sin piedad ni medias tintas, y este filme es durísimo en su honestidad. Gracias a sus grandes directores esta es la tradición también del cine cubano (Gutierrez Alea y Santiago Alvarez, por ponerle un ejemplo clásico), heredera de la revolución cinematográfica italiana. Filmes que se sienten reales y dejan una sola gran pregunta: Y ahora ¿Qué hacemos?

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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