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Ayer vi “Need for Speed”

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Sé lo que me va a decir: que todo el relato de penurias que viene a continuación me lo busqué. Y es cierto. Este filme se viene a sumar a la larga y no muy afortunada tradición de películas basadas en videojuegos, y es un ejemplo paradigmático del porqué ésto es así. Verá, me cae bien el actor protagónico, me gusta el videojuego y de vez en cuando me leo alguna entrada en el blog de este director de fotografía. Así que, inocente e imprudente como es su servidor, vi el filme.

Need-For-Speed-Movie-Cast-Official-Photo.jpgCuenta la historia de Toby Marshall, quien tiene un taller mecánico, un séquito de trabajadores jóvenes y con cierta onda (me acordé de los Thundercats, curioso ¿no?) y es un excelente corredor. Es tan buen corredor que despierta la envidia de Dino Brewster, muy millonario y muy buen corredor a su vez, ya que es un veterano de las Indy. Un día el envidioso Dino le propone un negocio al bueno (construir un super auto) y el bueno Toby, contra todo sentido común, acepta (los Thundercats comentan la mala decisión de forma, digamos, simpática). Después de hacer el carro el envidioso y el bueno apuestan la paga a una carrera de autos, donde inexplicablemente también corre el adolescente protegido por el bueno: el pequeño Pete. La carrera sale mal y el envidioso mata al adolescente. El bueno de Toby se queda en la escena y es encarcelado por dos años, ya que el envidioso Dino mintió para inculparlo. Cuando Toby sale de prisión, se incorpora a una carrera clandestina con el propósito de ganar y castigar al malo Dino.
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Si esta historia le suena como un montón de clichés, es porque se trata de un montón de clichés. El malo-Dino es moreno y se viste de negro, el bueno-Toby es rubio, de ojos azules y se viste de blanco. Hay una rubia linda y simpática, y el bueno-Toby en una ocasión la toma en brazos para salvarla. Uno de los Thundercats es negro y sólo sirve para el intermedio cómico. No hay drogas, no hay sexo, no hay homosexualidad (sólo un desnudo masculino, de lejos), no hay contexto, no hay política y no hay pasado excepto sólo para el bueno y el malo (y hasta por ahí nomás). Mal con la historia.
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Aquí usted me podría decir ¿Y qué esperabas? Y tendría razón. Este es un filme que sólo pretende entretener, así que es éso lo que le debería pedir ¿Verdad? Que entretenga.
Pero le cuento una cosa: cuando no hay autos compitiendo, el ritmo y los énfasis de este filme están tan mal que parece un primer ensayo de sí mismo. Fíjese en la primera conversación entre el bueno-Toby y su ex pareja (que ahora está junto al malo-Dino): son ambos actores competentes, la escena no es compleja (“Donde fuego hubo…”), visualmente es impactantemente atractiva, y sin embargo se siente como una agonía interminable y afectada. Me dio lástima por los actores.
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Visualmente el filme es impecable, o casi casi impecable: junto con filmar exitosamente escenas de noche con luz natural (una proeza impensable hace no tantos años), se incluyen también tomas de cámaras GoPro. Si no sabe de qué cámaras le hablo, querido lector, se ha perdido algo extraordinario: unas pequeñas cajitas del porte de una cajetilla de cigarros, que algunos deportistas y gente loca sujetan a sus cascos para grabar videos para youtube. Algo tremendo, y está aquí y funciona. A menos que usted sea de esos maniáticos como su servidor, que descubren pequeñas pérdidas de nitidez y rango dinámico y enarbolan esos descubrimientos como si fuesen importantes. Este mundo en el que vivimos se mueve a una velocidad de vértigo, solo queda soñar qué habría hecho Toby Halicki con estos medios.
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Los autos. Si le gustan los autos, aquí hay varios, pero misteriosamente eligieron a los más feos y anodinos para los roles principales ¿Otro mustang? No gracias.
¿Mi consejo? Espere a que la pongan en televisión. El gran final no es mucho y de esta forma no gastará plata en verlo.
Y sí, me lo busqué. Pero ¿Qué sería de la vida sin malas películas?

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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