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Ayer vi “Juan de los Muertos”

Este filme es una coproducción entre España y Cuba y se estrenó recién el año pasado. Ha generado mucha expectación y ha sido muy bien recibida, así que mi interés por verla era grande. Es una comedia de zombies habanera, así que agarra público por partida doble: los fans de los muertos vivientes y los cubanófilos.

El relato. Juan está permanentemente en “la luchita”: vive de hacer negocios en cualquier cosa y no se hace rico, sino que “resuelve”. Con su mejor amigo están pescando en la costa cuando descubre que bajo el mar viene una multitud de zombies caminando hacia el malecón (que provienen de Miami, ojo). Ahora el dilema es qué hacer para sobrevivir al apocalipsis: Juan y su amigo montan un negocio cuentapropista.

El cine de zombies contemporáneo, donde todos son hijos de Romero, es un género bien específico: los muertos vivientes están a medio podrir, se les mata con un trauma craneal e inevitablemente provocan la caída de todas las estructuras sociales, siendo el tema principal el cómo mantenerse humano, digno y propio cuando todo se viene abajo. Lo interesante del cine de zombies es precisamente ese tema y su resonancia en lo cotidiano ¿Cómo mantenerse entero frente a los embates sin fin de la vida? ¿Cómo ser buena persona en la “carrera de ratas“, en nuestro trabajo diario, cargando con nuestras deudas y nuestra alienación? Así funcionaba con los filmes del gran Romero y así funciona con los buenos exponentes del zombiepocalipsis. A nivel metafórico.

¿Y cómo funciona ésto con “Juan… “? Igualito, tal cual. Los temas del filme son tanto los propios del cine de zombies como del cine cubano en general: la caída de la sociedad, la lucha diaria, la posibilidad de la deshumanización, los lazos como pérdida (ya que tarde o temprano todos se van), el dilema de la emigración y el sexo. Veamos:
– La caída de la sociedad comienza con la invasión ultramarina de los muertos vivientes, que aquí pueden caminar por el lecho del mar y ocasionalmente son comidos por tiburones. La relación con la realidad cubana es evidente: la caída de la URSS y el campo socialista dejó al país caribeño en un estado tal de desabastecimiento que sus instituciones, y la gente, sobrevivieron de milagro. Las historias sobre aquel periodo son tan extraordinarias que frecuentemente resultan increíbles para cualquiera ajeno a esa realidad (si tiene a un natural de la perla de las Antillas a mano, pregúntele por la relación entre las pizzas y los preservativos). El dilema entonces fue el mismo del cine de zombies más ortodoxo: la extensión del daño moral que las circunstancias impusieron sobre los habitantes, forzados a la sobrevivencia más básica, y cómo éstos trataron de mantener la entereza durante el proceso. Sin embargo, aunque ya la crisis económica cubana se ha vuelto crónica (desaparece igual que una piedra al volverse arena: muuuuy lentamente), ha pasado tiempo desde entonces: ahora la verdadera invasión es la apertura al capitalismo a través de las licencias para “cuentapropistas”. Súbitamente el mundo se volvió de cabeza: la sociedad socialista, donde el premio al esfuerzo es principalmente moral, se abre a la (difícil) posibilidad de enriquecerse.

– La reacción frente al cambio: cuando los zombies invaden Cuba, Juan abre un negocio de exterminio de no-muertos. El paralelo es aquí con la apertura del gobierno hacia el comercio a pequeña escala y con sus consecuencias también: más allá de actuar como forma de ayudar a los demás (tal como en el discurso oficial cubano anterior al Periodo Especial) actúan como forma de sacar provecho personal. Juan dice en un momento “vamos a salir de ésta como salimos de todas: cobrando”. Más notorio es en la relación de los vivos con los no vivos: en ningún momento se da en las personas la reacción que tenían los pobres en el “Amanecer”, cuando guardaban a los zombies de sus seres queridos no tanto por la esperanza de una cura, no hay esperanza cuando se es pobre, sino por puro cariño. Acá la gente guarda a sus zombies porque no sabe cómo sacarlos, porque son una molestia demasiado complicada. Juan cobra, los mata y a veces se equivoca: no importa mucho.

– La importancia de ser constante. En el zombiepocalipsis no se pueden bajar los brazos: los que mueren son los que lloran a los muertos, los que se detienen para decir ¿Por qué a mi? Y los que paran a tomar aliento. Esto incluso se explica didacticamente durante los primeros minutos de “Zombieland” (aparte de Bill Murray, lo único que vale la pena): para vivir hay que estar dispuesto a luchar a cada minuto, y aguantar el tedio que ésto significa. Ahora, permítame una pregunta personal ¿En su trabajo puede usted decir “me voy dos semanas a jugar al Tekken, me cansé”, y mantener el puesto? ¿Qué le diría su esposa si le cuenta que ya no quiere pasar por el tedio de ganarse la vida?

– El sexo. En el cine cubano, especialmente en el contemporáneo (incluyendo sus comedias), sé ve que un importantísimo motor vital de sus personajes es el sexo heterosexual: conocer a la mujer bonita, encontrar un lugar donde acostarse con ella y acostarse efectivamente con ella. Puede que a usted, querido lector, ésto le parezca prosaico, pero hay una diferencia fundamental: en el cine de afuera del “telón de azúcar” el interés por el sexo es icónico, separado de la experiencia, centrado en las mujeres como objetos de propiedad difícil, trofeos exclusivos. En este modo de ver al sexo curiosamente el sexo en sí está oculto: se ve la mujer trofeo, se ve la lucha por conseguirla y se ve el momento en que el objeto ya es propiedad del luchador. En el cine cubano, en cambio, el sexo se trata de sexo: del contacto y el disfrute y la compañía del otro. En el cine cubano entonces, curiosamente, cuando se ejerce el sexo en pantalla la mujer no se disminuye, sino que crece.

– El dilema de la emigración. En el cine moderno de zombies se repite una y otra vez la idea de viajar a otro lugar como única posibilidad de sobrevivencia: en “La noche de los muertos vivientes” había que salir de la casa para ir a algún refugio, en “El amanecer…” el plan era escapar “a alguna isla, cualquier isla”, en “28 días después” escapaban al campo. Lo constante en todos estos filmes es lo insostenible de la situación actual y lo poco sólido de la esperanza en una solución: ni el campo ni la isla ni el exterior de la casa realmente sirven como refugio, ya que no hay refugio. En el cine cubano del periodo especial, desde la catástrofe de la caída de la URSS hasta ahora, el drama es el mismo: la vida es muy dura y la esperanza de una vida mejor está en irse bien lejos, como sea. Pero también se repite aquí la futilidad de la solución, ya que para el cubano del cine del periodo especial, irse es perderse también: significa perder todo lo que aman y lo que les da identidad, es una pequeña muerte. Por esto en prácticamente todas las películas del periodo especial terminan con el rechazo de la emigración: el protagonista mira al aeropuerto, piensa en su familia y decide quedarse, todo contado en distintos grados de timidez. Juan de los muertos pasa por lo mismo: cuando tiene su estupenda balsa lista y en el agua se da cuenta de dos cosas, que es muy posible que el zombiepocalipsis sea mundial y que perder a su país sería morirse un poco.
Finalmente ¿Se la recomiendo a usted, querido lector? Absolutamente.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

Una respuesta a “Ayer vi “Juan de los Muertos”

  1. yisell ⋅

    a ti na má hay que darte un filo!

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