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Ayer vi “Drive Angry”

Y después de ver el final quise llorar, pero no de emoción sino de rabia contra mi mismo por perder dos horas en semejante bodrio. Porque este filme es un bodrio, un espantoso remedo de película.

Cuenta la historia de John Milton (referencia literaria, tan incoherente en este desastre que parece un error de tipeo), quien escapa del infierno manejando un muscle car. Persiguiéndolo está el “contador”, vestido de traje y predecible. Milton rescata a una rubia y castamente evita acostarse con ella, mientras persigue a una secta satánica que hará un sacrificio humano en un par de días más.
Si nos olvidamos de la relación casta, el resto del argumento suena a un hardboiled sin freno, pero no lo es. Un argumento extremista y escandaloso sería divertido. Pero si quitamos la escena donde Milton mata a una decena de malos mientras folla a una camarera, el resto es predecible, controlado y bastante tímido.

El perseguidor cruel, la rubia inocente y audaz, los malos sin redención posible, el bueno que es una antología de buenas maneras y secuencias de persecución automovilística bien pobres. Incluso más: este filme está hecho en 3D, pero en un 3D tan poco elaborado y burdo que este filme podría ser enterrado directamente en los ochenta y nadie se daría cuenta. Incluso el título está mal: “maneja furioso” y el protagonista es extremadamente amable con todo el mundo, nunca pierde los estribos. Dan ganas de llorar.

¿Algo bueno en medio de este desastre? La linda Amber Heard, tratando duramente de hacerse un nombre en una industria cruel que usa a las mujeres como decorado desechable, como pasa aquí precisamente. La matanza coital, donde la mujer tiene un orgasmo ultra extra supremo mientras al héroe lo electrocutan con un bastón eléctrico (no deja de ser curioso ¿cómo funcionará eso? ¿dolerá?). Un nuevo estilo de peluquín para Nicolás Cage.

¿Qué más? No se me ocurre nada más: la rubia, la escena de sexo (en la primera media hora, ojo) y un peluquín.
¿Vale eso dos horas de vida? Si le sirve de respuesta, querido lector, yo me voy corriendo a buscar un ron barato, con la esperanza que el daño cerebral que vendrá (y sabemos que vendrá) borre este recuerdo. Dan ganas de llorar

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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