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Ayer vi “Killer Elite”


Y es un mal filme. Malo,malo, malo. No lo parece a simple vista. Al menos no lo parece tanto: una lista larga de actores serie B, valores de producción relativamente altos y el ronin Sam en persona. Tiene un guión ambicioso también, con realpolitik incluído. Pero se cae pronto y muy visiblemente. Para mi, este filme se salvó por un pelo de ser firmado por el difunto Smithee.

Cuenta la historia de Danny, quien es un ex- agente de operaciones especiales: después de recibir un tiro durante un intento de asesinato en el medio oriente decide retirarse a los brazos de una rubia bonita en las montañas. Estaba muy bien allí, pero es contactado por un sheik, quien lo contrata para asesinar a tres colegas suyos. “Pero me retiré”, “Sino se des-retira mataré a su mentor”.

Así la cosa. Las fuerzas especiales son las SAS, las fuerzas especiales aéreas británicas: quizá las recuerde por sus acciones en el marco de la guerra de las Malvinas o en la primera de las guerras del Golfo. Durante tiempos de paz se encargan de operaciones de contraterrorismo. Visto de cierta forma, se especializan en asesinatos selectivos. Así que el protagonista recibe el encargo de tres asesinatos selectivos contra especialistas en asesinatos selectivos, quienes pronto reciben la protección del alto mando cuando éste crea un equipo especial de anti-asesinos selectivos. Asesinos especialistas contra asesinos especialistas, quienes son cuidados por asesinos especialistas. Y todo porque quienes han sido “pedidos” por el sheik mataron a los hijos de éste durante una operación encubierta, negada oficialmente, motivada por petróleo.

Danny es interpretado por Jason Statham (que no hace nada muy distinto a sus malos filmes), el mentor es Robert De Niro (al que obviamente ya no le importa mucho) y el jefe del equipo de protección de “los pedidos” es Clive Owen. El filme se mueve entre intrigas torpes, espionaje más torpe aún y escenas de acción al estilo Bourne, quizá lo más logrado por ser lo menos original. Una comparación simple:

– Durante la emboscada central en “Ronin”, De Niro se oculta tras varios automóviles estacionados y dispara mientras explotan petardos desde otro lugar, lo que confunde a los atacados sobre la fuente de los disparos. En otras palabras: se protege mientras trata que que su oponente se desprotega. Durante la emboscada del principio de este filme, De Niro y Statham simplemente se paran en medio de una avenida a tratar de ametrallar a una caravana en movimiento, como si estuvieran en un anfiteatro (y después Statham se sorprende al ser herido). Podrían haber usado chalecos reflectantes, el resultado hubiera sido igual. Ni siquiera en “Wolfestein” algo tan torpe podría funcionar.

– Si usted, querido lector, pone algo de atención a las noticias policiales sabrá que es una práctica común que delincuentes roben un vehículo antes de realizar un asalto, lo usen como transporte durante el robo y luego lo abandonen. En cambio aquí el jefe del equipo de protección reconoce a Danny al verlo usar el mismo automóvil durante varios asesinatos, que es propiedad de uno de los compinches del protagonista. Una tontería así, a pesar de lo extraordinaria que parece, tiene bases reales: un espía chileno perdió su cédula de identidad real durante una operación en una embajada extranjera. Pero el chileno era un pelafustán, en cambio se supone que el protagonista del filme es tan bueno en su trabajo que es considerado de elite.

Por otra parte, este filme cumple con el requisito indispensable de cualquier filme de espías contemporáneo: no hay jefe bueno y los más malos son los jefes “políticos”, que nunca son atrapados. Aquí son los oficiales del SAS, quienes se reúnen para coordinarse actuando como si estuvieran en la convención del partido republicano en “Los Simpson“. A lo que me refiero es que se supone que son militares, y si hay algo que caracteriza a los cuerpos militares (aparte de los uniformes y las armas) es la estructura jerárquica: el jefe manda al mando medio, que a su vez manda al soldado raso. Un enorme cuerpo burocrático basado en ciertos protocolos, donde toda la información y las decisiones pasan por la cadena de mando antes de ejecutarse. Sin embargo aquí hay jefes sin secretarios, que hablan directamente con los ejecutores. Más que militares parecen una pandilla.

Y sin embargo este filme se basa en un libro que a su vez se basa en hechos reales ¿Se imagina eso? Yo no. Mucho menos después de ver la pésima caracterización del sheik: un árabe de piel pintada de oscuro y con barba de nylon, tratando de simular un mando que
nunca tuvo. Me recordó aquel video de Eminem. Las apariciones del sheik realmente son para gritar bien fuerte “¡Maldita Sea!

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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