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Ayer vi “The Mist”

Un pintor de afiches va junto a su hijo a comprar al almacén del pueblo, después de una tormenta. Cuando esta tratando de comprar, la tienda está llena de clientes asustados, una niebla densa cubre todo el exterior: inmediatamente después llega un vecino corriendo, sangrando y gritando aterrorizado “¡Hay algo en la niebla y se llevó a John Lee!”
El filme se desarrolla pausadamente y con seguridad, de forma tal que uno diría que es tiempo real pero no. Hay un breve esbozo de caracteres y relaciones y luego el miedo. Estas situaciones de miedo siempre funcionan mejor mientras más abstractas sean: zombies, monstruos gigantes, “La Casa Tomada“. Lo abstracto del miedo sirve para convertir dicha situación en un símbolo de otra cosa, en un comodín. Si los muertos de Romero eran (en el primer filme de la serie, a estas alturas una sextalogía) símbolos de la guerra sin sentido y el gigante de “Cloverfield” la cara de la culpa de una vida burguesa sostenida en el crimen político internacional, “The Mist” pareciera ser sobre el individualismo estadounidense. Cuando lo imposible ataca, la gente atrapada en el mercado a duras penas se coordina: desconfían, actúan mutuamente sus prejuicios y toda esta confusión les cuesta tiempo y vidas. Es curiosa esta lectura ya que recién anteayer teníamos a los hombres musculosos de la era Reagan proclamando precisamente lo contrario: que el individualismo equivalía a libertad, bondad y felicidad, y que la vida con énfasis en lo colectivo era la muerte encarnada ¿Recuerda “Rocky III“? Aquí los individuos mueren.

Pero la incredulidad se termina cuando los ataques y las muertes se repiten una y otra vez. Entonces el antagonista doméstico se vuelve la fanática religiosa de turno: comienza siendo sólo molesta, pero mientras la situación se vuelve más y más desesperada ella se vuelve una Jim Jones, en palabras de uno de los personajes. Uno podría argumentar en contra y a favor de este recurso: en contra que el cliché del malo integrista probablemente haya hecho su primera aparición cinematográfica en “Intolerancia“, por lo que difícilmente podría sorprender ni mucho menos convencer; a favor que si vemos los últimos crímenes en Nigeria o la fuerza irracional y destructiva del diseño inteligente estadounidense, sabremos que el más peligroso de todos los hombres es el que cree tener el respaldo de su creador.

Técnicamente es impecable. Lo único que podría señalar en su contra son ciertos reencuadres con zoom durante los primeros minutos, cuando la narración presenta sus ingredientes. Estos reencuadres se han vuelto tremendamente populares durante los últimos quince o veinte años, primero en series policiales de tv y luego en casi todo lo demás: toda obra audiovisual que busque verismo recurre a esto. Aquí, como en casi todo lo demás, es un recurso innecesario: la historia funciona tan bien que no hace falta.

Y a pesar de todas estas cosas buenas el filme terminó decepcionandome un poco. Es cierto: tiene un final sorpresa tremendamente oscuro, la narración esconde con habilidad sus puntos flacos, y sobretodo la potencia simbólica del escenario apocalíptico le da la fuerza necesaria al filme. Más que mal, se trata sobre miedo y ésta es una emoción tan fundamental que no necesita ni siquiera al individuo para manifestarse: aparece antes. Quizá es esta misma potencia simbólica la fuente de mi decepción, y de la decepción que me provocan todos los filmes sobre el fin del mundo, y es que juega con algo tan basal que es imposible llenar: no hay monstruo tan horrible ni desgracia lo suficientemente ominosa como la que no alcanzamos a ver, como la que se teme. A eso me refería antes con la cualidad abstracta de las historias. Dentro de los confines del género podríamos nombrar nuevamente a “Cloverfield”, donde nunca hay una explicación sobre el desastre; fuera de los confines del género podríamos nombrar a la excelente “Skammen” de Berman, donde la guerra que causa la desgracia de todos sólo se define genéricamente y así el foco es la devastación causada en los personajes. “The Mist” trata de explicar el desastre de un modo razonable y trata de verbalizar razonablemente la desaparicion de lo civilizado en las personas. No es mala opción tampoco: es un poco más tosca.

Ésa es una buena forma de definir este filme: un poco más tosco y ligeramente decepcionante, pero razonablemente bueno. Y el protagonista es un pésimo padre.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

Una respuesta a “Ayer vi “The Mist”

  1. no se que pelicula viste tu la que yo vi fue muy buena y el final muy cruel

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