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Ayer vi “Fist of Legend”

Este filme cuenta la misma historia que “Puños de Furia“, protagonizada por el legendario Bruce Lee. Ambos filmes son distintos, eso sí: cambian partes del relato, cambian personajes y sobretodo cambia el carácter del protagonista, desde la violencia brutal hacia el combate honorable.

Cuenta la historia de Chen Zhen, quien deja sin terminar sus estudios en Japón y vuelve a su China natal al enterarse de la muerte de su maestro de Kung Fú Hou Ting-An. Allí encuentra su escuela en decadencia y dominada por el miedo a los extranjeros dominantes: los japoneses, movidos por un desprecio enorme hacia los chinos, creyéndolos una raza inferior. Chen desconfía de la versión oficial sobre la muerte de su maestro, una simple enfermedad, y descubre la verdad: los japoneses lo mataron, como parte de un plan para eliminar a los ídolos populares que pudiesen elevar el nacionalismo a niveles peligrosos para los invasores.

Aquí el protagonista es Jet Li: si por alguna de esas casualidades, querido lector, usted se preguntó al ver a este chino pequeñito de dónde venía su estatus de estrella, pues viene de aquí, bien lejos de la intrascendencia de “El único” o la caricatura de “Arma Mortal 4“. Los combates son espectaculares, mucho mejores que los (metafóricos) del “Tigre y el Dragón“, y más clásicos también: concentrados en la exhibición de técnicas más que en lo imposible de los saltos y vuelos aéreos, bien en la línea de “Las 36 cámaras del Shaolín” . La historia es compleja, pero claramente contada y su protagonista se mueve como una flecha en su propósito. Y lo que más me llama la atención es que si bien es una historia de venganza, Chen Zhen actúa con una moderación y claridad ejemplares. El Chen Zhen de Bruce Lee estaba furioso y desbocado, al punto que podía matar a un hombre indefenso sólo por estar furioso. El personaje de Jet Li conversa en un momento del filme con un maestro japonés: ambos deciden pelear para comparar sus habilidades en combate y, una vez que ya tienen claridad sobre ese punto, se detienen, conversan un poco más y se despiden. Los contrincantes se respetan, y aprenden el uno del otro.

Pero aunque hay bastante violencia aquí, siempre está asociada al propósito de nivelar una injusticia, más que la mera destrucción del injusto. Es perfectamente imaginable que si los invasores xenófobos hubiesen renunciado a sus pretensiones, toda la historia se habría solucionado sin un golpe. Uno puede ver sin dificultad el ideal de persona que hay detrás, bien lejano a las máquinas de matar que normalmente se asocian con los filmes de artes marciales. En este sentido Chen Zhen es un tipo ideal: no se enfurece, no abusa jamás, siempre busca aprender y cuidar a los demás.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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