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Ayer vi “Tucker and Dale Vs. Evil”

Este filme es excelente, no hay vuelta que darle. Y lo tremendo es que no lo parece. Viendo su título, mirando su arrranque distraídamente y mirando también su póster, lo que parece este filme es otro título más de la larga ola de títulos olvidables en la veta del gorno, similar a “Wrong Turn” y sus varias secuelas: clichés del cine de terror unidos con más voluntad que buen juicio. Pero es lo contrario de todos ellos.

La historia comienza cuando Tucker y su amigo Dale, dos campesinos tan sucios como tétricos, viajan a la montaña. Pretenden pasar sus vacaciones en su nueva cabaña, que para ellos es un palacio y para el resto del mundo es igualita a la casa de Leatherface. Durante el viaje se cruzan con un grupo de estudiantes universitarios, quienes van a hacer lo que hacen los jóvenes en los filmes de terror: acampar en la montaña, fumar mariguana, tener sexo y caer víctimas de los más crueles psicópatas. Sólo que aquí ellos creen ser el objeto de la perversa atención de Tucker y Dale, quienes realmente no podrían estar más lejos de el molde donde han sido encajados: buenos, inocentes y torpes.

Esto último es la clave: la torpeza. Tanto los protagonistas como los oponentes actúan torpemente, los unos movidos por la inocencia y los otros por el miedo y el odio; y muere un montón de gente, de formas tremendamente cómicas. En este sentido el título es muy adecuado: se trata de los protagonistas contra la maldad. Y eso da para pensar ¿De donde surge la maldad? ¿Del prejuicio, del miedo, del resentimiento? Hay otro tema interesante, y de importancia capital para la narración, tras la cadena de equivocaciones y muertes violentas, y es que Tucker y Dale son feos y sucios porque son pobres: personas lo suficientemente aparte de la vida feliz de los universitarios, y no por elección propia. Me atrevería a apostar, querido lector, que nadie es pobre por elección: si usted me financia la encuesta, yo le escribo el cuestionario. En todo caso, Tucker y Dale son caricaturas de pobres, más bien, como parodias de los violadores de “Deliverance“, o como los pobres de “Slumdog Millionaire“, auténticos lobos.

Entonces la pregunta es la siguiente ¿Por qué los pobres son amenazantes? ¿Por que son distintos, por que los creemos inferiores a nosotros y nuestro internet y televisión por cable? Si lo pensamos de este modo, el mismísimo e inmortal Jason Vorhees es digno de lástima no sólo por el tremendo acto de violencia del que fue víctima en la primera “Viernes 13”, sino por la razón que lo convirtió en blanco de ese ataque: ser pobre, feo y tonto. Y entonces ¿Quién es el verdadero monstruo?

Pero no se equivoque, querido lector, puede disfrutar este filme sin pasar por reflexiones semejantes, sólo saltando de risa en risa. Tiene buen ritmo, está bien actuado y funciona técnicamente. En ése sentido permítame hacer una acotación: es un filme grabado con cámaras de alta definición. Si usted, al igual que yo, ve frecuentemente filmes de terror de bajo presupuesto, habrá encontrado filmes realizados con medios semejantes, pero deficientes: con mala fotografía, malos encuadres y sobreexpuestos. Ninguno de estos problemas está en “Tucker & Dale”. A pesar de su austeridad, está hecha con mano segura y sin errores.

Cuando pienso en ésto, me da un poco de pena que en nuestros multiplex locales tengamos oleadas de “Pitufos” y “Venganzas de los caídos” y no excelentes filmes como éste. Y para qué hablar de la infame falta de filmografía local en nuestras pantallas. Pero ése es otro tema.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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