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Ayer vi “The Ward”

Y con este filme pasa lo mismo que pasa con todos los filmes de John Carpenter desde los noventa en adelante: alguna crítica especializada los destroza por ser supuestamente decepcionantes, poco dignos de un maestro de la talla de este director. Así le fue a “In the Mouth of Madness” y a “Ghost of Mars” . Sin embargo cada uno de estos filmes resultó ser mucho mejor de lo pronosticado en mi opinión. Lo que tira abajo a estos filmes es esa pretensión absurda: que cada nuevo filme debería ser más grande que la vida, en lugar de ser sólo excelentes muestras de género.

La historia comienza cuando la protagonista quema una casa campestre. Ella huye de la policía, vestida en bata, y el incendio parece ser algo muy importante, ya que se queda hasta ver la construcción reducida a cenizas. Entonces llega la policía y la encierran en un manicomio. Allí, en un ala especial a cargo de un solo doctor y tres enfermeros, sólo hay cinco internas (todas jóvenes y bonitas) y cada una tiene una personalidad bien definida: la artista, la de clase alta, la niña, la “loca de feria” y la rebelde, que es Kristen, nuestra protagonista (interpretada por Amber Heard). El problema comienza cuando Kristen descubre que hay otro habitante en el recinto: el fantasma de una interna, quien tiene el mal hábito de la venganza homicida.

Tal como se lo cuento, estimado lector, no parece muy distinto a cualquier otro filme de terror: elenco de rostros “serie B”, muchas carreras y la habitual crítica a los métodos de la psiquiatría tradicional, autoritarios y prepotentes (dicha crítica haría las delicias de la buena gente de la contrapsiquiatría). Pero hay más: hay un excelente manejo de la tensión, hay sorpresas en la historia y hay una fotografía y composición visual sublimes. Y sobretodo hay ésto: Carpenter es un maestro porque es un maestro narrador, y aquí verá, querido lector, una historia estupendamente narrada. Al igual que otros directores veteranos (afortunados como Woody Allen o Manoel de Oliveira), Carpenter ha afinado sus herramientas en lo que sabe hacer, que es lo que ha elegido hacer: filmes violentos, tensos y capaces de hacer saltar al espectador de su asiento. No encontrará aquí meditaciones filosóficas sobre la condición humana ni estudio de personajes, sino historias y emoción. En este sentido, creo que no hay mucha diferencia entre ésto y sentarse junto a una fogata a contar cuentos de terror ¿Recuerda usted la fascinación y el miedo, lo bien que lo pasaba entonces?

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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