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Ayer vi “HabanaStation”

Este filme tuvo un estreno simultáneo en todas las salas de Cuba. Yo la vi en la sala Martí, que queda junto al parque Calixto Garcia en Holguín: la sala tiene capacidad para unas cientoveinte personas y proyecta desde un dvd a través de un proyector común de video, de los que usted probablemente haya visto dedicados a la “muerte por powerpoint”.

Este asunto de por sí es llamativo: una solución barata y simple para tener cines funcionando en todo el país, sin los costos ni las complicaciones de las copias en celuloide. No se ve tan bien como en un multiplex, pero funciona razonablemente bien.

El filme cuenta la historia de Mayito y su amigo Carlos, dos niños que son compañeros de escuela y de aula, pero que son completamente opuestos: Mayito es hijo de un jazzista de fama internacional (bastante parecido a Rubalcaba), tiene privilegios y comodidades inimaginables en su país y vive en el barrio alto de Miramar. Carlos vive en Cubanacán, su padre cumple condena por homicidio y malvive como cualquier hijo de vecino en un barrio popular: con chancletas y a lo guapo. Durante las celebraciones del primero de mayo, Mayito se extravía, toma el transporte equivocado y termina, muy asustado, en el barrio de Carlos, bajo su renuente tutela.

Desde allí en adelante el filme se desenvuelve como una “buddy-movie” corriente: uno es refinado y melindroso, mientras el otro es salvaje y audaz. La aventura sirve entonces como una especie de nivelación de rasgos de carácter: uno se atreve mientras el otro se mide. El resumen de este proceso ha sido dicho y escrito mil veces: “cada uno aprende del otro y así crece para ser una mejor persona”.

Sin embargo, aquí esta fórmula vieja funciona y lo hace fundamentalmente por un tono cándido que atraviesa todo el relato: no hay maldad en todo el filme, sólo malentendidos. Ni los pobres pandilleros son malintencionados, ni el reparador de artículos electrónicos engaña (pudiendo hacerlo), ni los padres de clase alta tienen corazón mezquino. Ni siquiera la profesora que extravía a Mayito, ganada a base de regalos, parece tener motivos egoístas. Toda esta oscuridad ausente sería fácil de mostrar para un cineasta más amargo, pero aquí no está.
El filme apuesta por lo tanto a la amabilidad.

Pero no es lo más llamativo. Es sabido que el discurso oficial cubano planteó que al interior del país no existían las diferencia de clases sociales, sino que distintos tipos de responsabilidad social: un doctor, quien tiene a cargo la salud de las personas, recibe del Estado una mejor casa que un barrendero porque tiene algo más urgente a su cargo, por ejemplo, sin que nadie quede sin lo necesario para vivir y sin que nadie desvirtúe su rol social convirtiéndolo en la satisfacción del puro egoísmo. Pero no es así: desde hace tiempo vive mejor quien tiene fama internacional, un alto cargo político, un marido extranjero o un negocio oscuro que un cirujano. Era un secreto a voces, tratado muy tangencialmente por algunas telenovelas locales (que enmarcaban la situación bajo una fuerte carga moral) o por discursos de las nuevas autoridades políticas. Pero este filme se trata sobre la superación de las diferencias de clase, por lo tanto se trata de las diferencias de clase como barrera.

Se parece un poco a “Metrópolis” la solución a las diferencias de clase que propone este filme. En el filme alemán la clase alta, el “cerebro social”, la da la mano a la clase baja, el “músculo social”, mediante el corazón, que es la bella y bondadosa dirigente interpretada por Brigitte Helm. Una división esquemática e indignante, querido lector, si usted comparte conmigo la creencia que la inteligencia y destreza no tienen relación con el tamaño de nuestras cuentas bancarias. En “Habanastation” la clase alta y la clase baja se reúnen mediante la amistad mutua: no hay redistribución de recursos, sino amabilidad y reconocimiento. Redistribución permanente, en todo caso: el privilegio del rico lo recibe el pobre como préstamo temporal, como dádiva.
En este sentido, “Habanastation” no es tan sólo rupturista con el discurso oficial revolucionario al retratar la diferencia de clases, sino que también al proponer una solución a ésta: la “mano compasiva” que algunos políticos derechistas enuncian como alternativa a la seguridad social.
Pero quizá estoy escarbando demasiado. Este es un muy buen filme, con unas muy buenas actuaciones, especialmente de los niños involucrados. Si usted está de acuerdo conmigo en esto último, le recomiendo que busque más información sobre La Colmenita. Vale la pena.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

2 Respuestas a “Ayer vi “HabanaStation”

  1. amacaballo ⋅

    Pues a mi me encantó! Me emocionó verla allí en mi país…Me sobrepasó pensarme un niño como ellos(hace años ya y más parecida a Carlos)…y disfruté viendola juntoa ti.

  2. amacaballo ⋅

    Muchas gracias, pero para evitarle confusiones al lector desprevenido, déjeme aclarar que quien hizo este comentario amoroso fue mi esposa, no yo. Y no podría pensar en mejor compañía que ella

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