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Ayer vi “Casa Vieja”

Éste filme es cubano y es distribuido por el ICAIC, el instituto cubano de artes y ciencias cinematográficas y  es el primer largometraje de Lester Hamlet, quien tiene una larga carrera como director de videoclips. Todo esto se lo cuento, querido lector, para decirle lo siguiente: este filme es parte de una larga tradición de excelentes títulos, y además aquí hay un reparto de excelentes actores, pero es probable que usted no los conozca. Éste es uno de tantos fantásticos títulos que no llegan a nuestros países, enterrados como estamos bajo innumerables “Beverly Hills Chihuahua” y “I am number four”, prisioneros del multiplex. Pero ése es otro tema.

La historia comienza cuando Esteban vuelve a Cuba desde España, donde vive hace catorce años. Va a la casa de sus padres, quienes viven en Santa Fe, cerca de la costa, y no la tienen fácil: el padre lleva años postrado en cama, víctima de innumerables isquemias. Allí se encuentra con su madre, en cierto modo endurecida por la desgracia, a su hermana solterona, triste y avergonzada, y a su hermano, representante de la vida ideal: casado, con hijos y militante comunista. Mientras Esteban se pone al día con su familia, aparece Flora, quien es barrendera, pidiéndole al hermano mayor su voto favorable para que la hija de ésta pueda estudiar en la universidad. El hermano se niega rotundamente: la joven es repudiable desde la ortodoxia.

“Casa Vieja” proviene de una obra de teatro de Abelardo Estorino, y ese origen se nota: los tres actos están bien delimitados, la acción está restringida a escenarios específicos (la casa de los padres, la funeraria, la pajarera) y, en la tradición de la dramaturgia norteamericana, el conflicto es básicamente un montón de diálogos donde los personajes se sacan la piel a tiras. Está muy bien, el primer y segundo acto sobretodo: los personajes parecen reales y el conflicto también.

Se me cayó el filme en dos cosas. En palabras de Cantinflas, en la primera y la segunda: por su estructura y su raigambre, en el tercer acto era obligatorio llorar, y llorar a gritos. Me puso incómodo tanto llanto, por momentos me dio la sensación de estar viendo una telenovela cinco estrellas. No es una telenovela, por supuesto.

Además, como pasa siempre, sobretodo en las situaciones muy cargadas políticamente, cada personaje se vuelve la alegoría de una postura, el representante de un sector. Aquí es igual: el padre agonizante, la madre silenciosa, el hermano cruel e intransigente, la hermana con miedo, la barrendera traicionada. Incluso esta alegoría llega tan lejos, es tan osada para un filme hecho en Cuba, que tiene un diálogo que suena a crítica política directa (cuando los hermanos están en la pajarera del padre fallecido, tratando de entender quién era él). Aplaudo eso, pero me cansa también. Si no está de acuerdo conmigo, querido lector, le pido me excuse, pero estoy convencido que frente a situaciones urgentes hay que ser directo: hay un momento donde la metáfora, por su naturaleza indirecta, se vuelve cobarde.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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