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Ayer vi “JCVD”

Por si no lo sabía, JCVD es una sigla compuesta por el nombre de Jean Claude Van Damme. Es bastante obvio, pero yo demoré en darme cuenta. Tenía muchas ganas de ver este filme, por las referencias que tenía. Y me gustó. Creo que es el mejor filme de Van Damme que he visto.

Ahora un resumen. Como supondrán, Van Damme actúa de si mismo: está quebrado, su carrera agotada y decadente, y acaba de perder la custodia de su hija. El argumento que usa el abogado querellante es el sadismo de los filmes de Van Damme, y ésto me pareció bastante gracioso: me descubrí tratando de adivinar los títulos a los que correspondían las muertes descritas. Ni efectivo ni tarjetas tiene Van Damme, ya que se las bloquearon por deudas. Viaja desesperado a su pueblo natal y, tratando de convencer a una cajera para que lo deje hacer un giro, termina atrapado en un asalto con toma de rehenes. El problema es que la policía cree que él es el secuestrador, y es otra víctima.

Hasta ahí el resumen. El filme está bien contado: se deja ver sin tiempos muertos y entretiene. Hay un par de cosas que me parecieron de lo más interesante. La primera es que, de forma bastante entretenida, pasamos la primera parte viendo la misma situación desde dos puntos de vista diferentes: el asalto al banco, primero con Van Damme como culpable y después como el infeliz sin suerte.

La segunda es el monólogo de Van Damme: súbitamente lo vemos elevarse hasta la altura de los focos de iluminación y el belga nos habla a nosotros directamente, y se confiesa. Técnicamente, este recurso se llama romper la cuarta pared y su origen está en el teatro político: vemos una historia de injusticia rampante, tanto peor por su realismo, hasta que uno de los personajes mira a los espectadores y les pregunta ¿Qué van a hacer frente a ésto, se van a quedar sentados?. Se elimina así la ilusión que lo que vemos es un trozo de realidad, como si estuviésemos sentados con la espalda pegada a la muralla, dentro de la casa de personas reales, y se sincera la representación dramática: todo lo que vemos en el escenario, o la pantalla, es falso. Tiene que serlo, para poder estar allí.

Van Damme nos habla directamente: sus comienzos, el ser inmigrante e indigente a la vez, sus músculos, el honor en el karate, sus múltiples matrimonios, su adicción a las drogas. Lo cuenta todo y llora al hacerlo, le duele descubrir que malgastó su vida y su, seamos amables, talento.

El monólogo dura seis minutos y se corresponde con la toma de decisión que debe hacer todo protagonista. Le recomiendo a usted, querido lector, ver este filme por esos seis minutos. Hay más y está bien sin ser genial, pero vale la pena ver la confesión. Le va a agarrar cariño al malo de “Retroceder nunca, rendirse jamás”.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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