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Ayer vi “Giallo”

Y sinceramente me entusiasmaba mucho la perspectiva de ver un filme de Argento. Me gustan los filmes de Dario Argento: me gustó la trilogía de las madres, me gustó “Ópera” y otras cuyo título no recuerdo. Me gustan, pero es necesario matizar:

No me gustan sus historias. Sus historias no funcionan muy bien, no le hacen el quite al cliché ni a lo rocambolesco. Me gusta su imaginería visual, sus escenas y la perversidad enorme que asoma tras cada elección que realiza sobre la suerte de sus personajes.

Con “Giallo” me pasó lo mismo. Es la historia de la hermana mayor (muy guapa) de una modelo (más guapa aún) que ha sido secuestrada, quien busca ayuda en un policía apodado “el lobo solitario”. Ambos descubren que el secuestrador es un peligroso psicópata apodado (por una víctima agonizante) el “amarillo”, quien elige sólo a mujeres hermosas extranjeras, de modo que nadie las echa de menos cuando desaparecen. El malo es deforme, el policía es extra-macho-atormentado-por-su-pasado, la heroína es fuerte e inteligente, pero dependiente del macho de turno, etc. El motivo del malo de turno es común también: es tan feo que odia la belleza y trata de “corregirla” mediante tortura y mutilaciones. Sin embargo, no es un violador: a pesar de no tener freno en su pulsión de muerte, y de estar también en completo dominio de mujeres bellas, suprime completamente su hambre erótica. Es pudoroso, de esta forma.

¿Y no que los psicópatas son libres del contrato social?

Para ser justos, creo que esta limitación es estilística, ya que “Giallo” se trata de un filme que sea genuino representante del giallo como género: estilizado, violento, efectista y moral. Sus limitaciones son las limitaciones de la forma que adopta, no las de su propia cortedad.

Pero eso no significa que sea perfecto.

El filme es atractivo visualmente, pero lejano a la maestría de “Òpera”, por ejemplo: no hay virtuosismo en cámara ni en composición de plano, hay en su lugar corrección. Las interpretaciones son relativamente correctas: Adrien Brody está muy bien como el policía duro y solo, Elsa Pataky me resultó muy molesta como víctima (al demorarse un siglo en tratar de escapar), y Emmanuelle Seigner creo que está mal. Su personaje es tan distante que se pierde y sólo queda su rostro inexpresivo, tal sutil como una pared. Los sustos están bien sin ser fenomenales, la puesta en escena funciona sin espectacularidad y el poco gore que hay es estupendo: chocante y grotesco.

¿Vale la pena verla? Indudablemente. No es una obra maestra, pero está por arriba de la media.

Roberto Suarez Perez

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Acerca de Roberto Suarez

Vivo en La Habana actualmente

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