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Ayer vi “The Dark Knight Rises”

Y tenía muchas ganas de verla, por lo mucho que me había gustado el filme anterior de la serie. Y, bueno, fueron unas casi casi completamente estupendas tres horas. Después le explico el porqué del casi.

Este filme cuenta la historia de Bruce Wayne después de ocho años de los acontecimientos de “Begins… “: la ciudad está tranquila y con la mafia tras las rejas, el comisionado Gordon está por retirarse y Bruce Wayne cambió el traje blindado por un bastón, debido a su extraordinaria cantidad de lesiones. Pero pasa algo en las alcantarillas de Ciudad Gótica: un ejército, dirigido por Bane, recluta pobres para trabajar en la construcción de algo que seguro será muy muy malo.

Y así. Un mérito enorme de este filme es compartido con la entrega anterior, y es que la descripción de los eventos es seria y grave al punto que pareciera que estamos viendo un filme sobre el crimen más que sobre súper héroes. La sensación que deja es la de ver un dilema tan profundo que del resultado depende el destino propio, el suyo y el de su servidor. Como si fuese un documental sobre los alimentos transgénicos (este filme no trata sobre trangénicos), por ejemplo: las corporaciones codiciosas y sin escrúpulos, los gobiernos corruptos y la gente de a pie envenenada lenta e irremediablemente; y la urgencia, la enorme urgencia. Cuando vi “Los vengadores“, por nombrarle una, no me pasó eso: siempre tuve la seguridad de estar frente a algo parecido a un videojuego, lleno de empatía y emoción pero con un regreso a casa asegurado. Pero aquí no. Tanto es así que el drama del filme resuena con los problemas que ha tenido el primer mundo en la última década y sobre todo en los últimos años: la estabilidad social como imposible en un marco de injusticia estructural. Durante la producción de este filme, incluso, hubo un rumor recurrente: que usarían escenas reales del movimiento Occupy Wall Street. No pasó al final, pero casi.

De hecho, el filme es tan serio y grave que la aparición del mismo batman desentona. Suena raro ir a ver un filme de batman y quejarse de la aparición del mismo, pero me pasó: inmerso en la historia, esperando la tragedia inminente, de pronto veo aparecer a un hombre disfrazado con una voz rara. Bruce Wayne cojo y cansado y luego impostando voces.

Me pasó esto sobretodo al final, que no se lo voy a contar: lo importante es que el hecho que éste sea un filme de superhéroes es algo un poco triste, la verdad. Por muy grande y serio que parezca, no deja de ser un filme de superhéroes y hay algo de folletinesco en ello. Hay aventuras, hay romance y hay pelea a puñetazos: es cierto que los personajes tienen matices, que el malo es patéticamente trágico en el sentido griego, lleno de dolor, amor y tristeza, que el bueno ya no puede más y se sabe perdido, que el mundo en el que viven no tiene sentido; pero aún así. Si tuviera que clasificar a este filme (tema siempre odioso, pero no tanto aquí ya que estamos hablando de un filme de superhéroes) diría que es una estupenda telenovela: a ratos intensa y sufrida, a ratos ridícula.

Usted podría decirme que le estoy pidiendo peras al Olmo, y tendría razón. Pero aún así. Y eso que prefiero no contarle nada sobre los argumentos de quienes consideran a Nolan un pésimo y confuso narrador, redundante hasta el hartazgo, heredero de Cosmatos. Pero, y lo digo refiriéndome a mi generación, ¿No somos todos hijos del absurdo fundamental de Rambo?

Roberto Suarez Perez

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