Ayer vi “Dou Fo Sin (Flash Point)”

Le voy a contar dos cosas de entrada, para que usted, querido lector, ajuste sus espectativas: éste es un filme policial, un filme de artes marciales y una historia de amor entre dos hombres. Amor sensual, no: nunca follan ni se besan. Pero eso no quita que estos dos hombres se amen profundamente.

El filme abre con el inspector Jun Ma deteniendo a un sospechoso en el ring de un gimnasio. Parece trivial ésto, pero no lo es: a la vista del lugar y de las actividades que allí se realizan, uno podría suponer que el detenido es un luchador experto. Así que el héroe es más experto aún, es un maestro del combate mano a mano. Luego lo vemos en otras facetas de su vida: sufriendo por su amigo, disparando, enamorado de la mujer que no duerme junto a él, etc. El problema son los malos: un grupo mafioso tan descontrolado que pone en riesgo a la misma mafia.

Para qué le voy a mentir, la historia suena como muchas otras historias: paco-ladrón, mujer decorativa, amistad con un aire fuerte a homoerotismo entre policías, “ésto ahora es personal”, etc. Siempre me ha llamado la atención el tipo de relaciones que establecen las parejas de policías en los filmes: pelea frontal (como en “Serpico“), resignación y cariño (como en la serie “Arma Mortal“), o una entrega y preocupación que a mi me suenan propios del romance. Quizá me equivoque y esté sobrevalorando el efecto que las armas producen en la amistad entre dos hombres (con mis amigos no disparamos armas), pero realmente lo único que faltó entre estos dos colegas fue un beso apasionado.

En cuanto a realización, no hay ningún riesgo narrativo tampoco: el lenguaje visual está bien, el montaje está razonablemente bien (lo raro que se siente en el montaje es un defecto de la narración en su conjunto: terminaron la historia a la rápida). No busque retratos realistas de nada aquí: para seguir la narración tiene que dar el salto de fe que exigen las historias maniqueas. No hay reflexiones, más allá de lo que ve.

No es por eso que vi este filme y creo que no es por eso que usted quiere verlo. Yo lo vi por las estupendas coreografías de artes marciales. Los combates no son abundantes y están subordinados a la narración, pero cuando ocurren, ocurren de forma espectacular, cortesía de su estrella y coreógrafo Donnie Yen. Créame, el combate final se le va a pegar en la retina durante un buen tiempo. Hay una cierta pureza de técnicas que impresiona: no hay uso de cables aéreos, sino pura destreza. Y hay también algo que cuesta ver, me parece: el uso de las artes marciales más que como vehículo dramático (cuando el conflicto es inevitable, el bueno y el malo pelean), como narración. El porqué de la elección de las técnicas de combate y el resultado de éstas se convierte en drama puro, sin construcciones racionales ajenas al puro enfrentamiento. De hecho me parece que es posible ver cómo la noción de lo moral y lo correcto desaparecen: puro conflicto. Y no es raro que así ocurra, si pensamos que estos filmes que llegaron a nuestra parte del mundo hace unos treinta años apenas se insertan en una tradición centenaria del arte dramático chino. Sin embargo, es moderno (postmoderno realmente) en su planteamiento: a diferencia de la tradición, aquí no hay honor, hay pura furia.

Cuando este filme construye personajes y plantea el conflicto, es pasable: la historia de un policía que no respeta las reglas, con novia y un amigo que ama profundamente, tras una pandilla fuera de control. Cuando este filme pasa a las manos, lo va a dejar sin aliento.

Roberto Suarez Perez

Ayer vi “Cabin in the woods”

Me había llamado la atención este filme por la cantidad de menciones que recibe en la Fangoria. Los filmes posteriores se refieren a él y los críticos especialistas parecen usar a “Cabin… ” como un hito demarcatorio. Así que debe ser buena, pensé.

Cuenta la historia de Dana, quien es una muchacha linda, estudiosa y tímida que se va de campamento con cuatro amigos al bosque. Simultáneamente, un grupo de funcionarios prepara aparatos de vigilancia y de control. Mientras los segundos actúan, los primeros se vuelven cada vez más como los personajes de Scooby Doo, incluso contra su propia voluntad y extrañeza. Sabemos que van a morir, los funcionarios saben que los jóvenes van a morir, los jóvenes sospechan que van a morir (hasta que empiezan a morir de uno en uno) y sólo queda ver que forma estrambótica toma su final.

Pero eso no es todo en este filme. Los funcionarios son lo primero que aparece, así que no estoy echándole a perder nada con hablarle a usted, querido lector, sobre ellos: si los quitamos tendríamos la puesta en escena de un filme común y corriente. “Viernes 13″ es así (las tres primera son bastante buenas, creo yo, y las dos siguientes tienen algunos méritos): una exposición de juventud irresponsable y hormonal, sufriendo muertes rebuscadas y violentas. Esto se desarrolló a tal punto que tenemos series completas de filmes de terror basados en lo espectacular y cruel de las muertes (como “Saw” y “Destino Final”, que por lo menos es divertida). Por lo mismo, este film reconoce el camino recorrido y la inocencia perdida: hay por hoy, una puesta en escena así, jóvenes en una cabaña, no es sostenible.

Una forma de reconocer este agotamiento es la comedia paródica (con buenos y malos representantes), y otro lo podríamos llamar “desarrollo en profundidad”: reconocer las claves del género y su historia, desarrollar un buen argumento e incluir más. No le quiero contar qué más incluye, pero incluye bastante. Para empezar, lo que ya sabe: incluye funcionarios controlando a los jóvenes en la cabaña. Cuando actúan estúpidamente, es por gas que los funcionarios rociaron mediante el sistema de ventilación. Cuando quieren follar en el bosque, topless incluído (un saludo al niño Vorheess) es porque los funcionarios los han bañado en ferormonas y les iluminaron un claro entre los árboles. En vista del desarrollo actual del tema de la privacidad y la manipulación, este filme da escalofríos.

No le quiero contar más. Está bueno este filme, bastante bueno, y tiene esta cosa de reconocer las raíces del género del terror y homenajearlas. De hecho, podríamos montar un juego bien entretenido: el filme, amigos, cerveza y el desafío de reconocer todas las citas (“Evil Dead” y “Willy Wonka” ¿Vio? Le soplé dos). Pero ¿Sabe que es lo que más me gustó? Que las citas no se agotan en el cine. Hay un par de libros citados que son bien buenos, que si no los ha leído debería correr a comprarlos ahora mismo. Ahora mismo. Yo los tuve y los perdí en préstamos. Yo voy a ir a comprarlos ahora. Vaya usted también.

P.D. Es posible ver este filme también como un argumento a favor de la legalización del Cannabis ¿Qué tal?

Roberto Suarez Perez

Ayer vi “Spoorloos”

 

Este filme es extraordinario. No es muy buena forma de empezar el párrafo, lo sé, pero es así. Hay varias virtudes que lamentablemente escasean en la cartelera actual, pero que aquí son joyas.

 
 

“Spoorloos” (o “Desaparecida”) cuenta la historia de Rex, quien viaja de vacaciones con su novia Saskia. Tienen una pequeña discusión, del tipo que las parejas tienen siempre (donde se topa el amor por el otro con el límite del terreno propio), y se reconcilian. Paran a comprar un refresco y ella no vuelve más. Desaparece.
 

Es complicado hablar de este filme sin irse de lengua sobre su final y sobre el destino de sus personajes, sobretodo porque gran parte de su impacto está en cómo completa, y completa es una forma muy apropiada de describirlo, los destinos individuales mediante el cierre de la historia. Y también porque este filme se ha hecho famoso por su final. Tenga mucho cuidado al buscar su título en youtube: algun alma triste y oscura publicó sus últimos siete minutos. Por ningún motivo los vea.
Permítame decirle que aquí hay lo que habitualmente conocemos como un bueno y un malo, pero en las antípodas del sinsentido que habitualmente puebla estas definiciones: si el bueno es un hombre consumido, envejecido y gastado, por la obsesión de reencontrar a la mujer perdida (tema no muy diferente a los habituales en el pésimo cine policial que nos crió durante los ochenta y noventa) no tiene la facultad redentora fundamental de aquellos filmes, que es la efectividad. Cuando Mel Gibson o el gran Charles Bronson o Silvester Stallone deciden abandonar todo en su búsqueda de venganza, lo logran de forma completa y espectacular. Cuando, en cambio, Rex decide apostar todo a la búsqueda de su amor perdido (permítame ser vago aquí) fracasa y triunfa a la vez, de una forma espantosa y curiosamente poética.
Donde el malo en otros filmes es una amalgama incoherente de perversidad y falta completa de valores (y, cosa terrible e insultante por donde se la mire, signos de homosexualidad como confirmación definitiva de su maldad, como si fuese posible mezclar peras con manzanas); aquí el “malo” merece y no merece dicho nombre: por un lado ejerce un acto de crueldad enorme plenamente consciente de sus alcances y por otro es casi casi igual a cualquier persona. De cierta forma acá se cumple también la máxima de Star Trek: que un filme es tan bueno como su malo de turno. Este filme es de cierta forma el viaje del “malo” descubriéndose. Y éso es tremendamente interesante: da para pensar sobre la naturaleza del mal. Si el bien y el mal son convenciones sociales que preceden a los individuos y cuyo objetivo es, debería ser, la perservación de la especie, entonces ¿Qué diferencia hay entre una buena persona y una malvada, entre alguien que quiere saber más allá? ¿Cómo puede ver más allá sin cruzar la frontera que le ha sido impuesta?

 

 

Sin embargo los personajes no viven en el aire, existen dentro de una historia. Y la historia aquí se desarrolla desde su principio sorprendente hacia su final abrumador sin hacer trampas. No hay “Deux ex machina” (como cuando Marty McFly salta al vacío desde el casino y justo está el DeLorean volando bajo él para recogerlo): lo que hay es lo que haría una persona común en una situación semejante. Rex busca a su novia desaparecida, pero también tiene una nueva pareja, el secuestrador es padre de familia y cuando le ofrece ayuda al protagonista es muy posible que sea sincero en su intención. Cruel, pero sincero.
 

No puedo ser más específico en lo que le estoy contando. Como le decía, no quiero adelantarle mucho del argumento ni mucho menos contarle el final. Más allá del poderoso final la razón para mi reserva es que el argumento no es muy enrevesado: la dama desaparece, el novio la sigue buscando años después y recibe cartas del secuestrador prometiendo descubrirle el destino de la desaparecida. Hay poco más, muy bien estructurado. Incluso a nivel de lenguaje visual se nota su eficiencia: no hay planos pretenciosos y gargantuescos, como los que deslumbran tanto a los estudiantes de cine (cámaras que vuelan desde ángulos imposibles, giros enormes, grúas inmateriales), sino efectivos. La historia se cuenta sin tropiezos. Ésa es otra razón para decirle que este filme es excelente.
 

Los personajes, el argumento, la economía de recursos. Y el final, aunque no se lo quiera contar.
Una última advertencia. La versión americana de este filme es pésima, aunque la dirige el mismo que dirige ésta. Evite la versión americana como a la peste.

Roberto Suarez Perez